Besenzone está en el llano, entre dos cursos de agua, y sobre su nombre el historiador seiscentista Pier Maria Campi tenía una idea grandiosa: el fundador habría sido un Besenzone, hijo o bisnieto del «crudelísimo» Mezencio, rey de Toscana, del que habría heredado el dominio y también la crueldad. Otro historiador, Poggiali, despachó la obra de Campi como «no escrita con aquella exactitud que en tal clase de obras nuestro siglo desea», y dos siglos más tarde Nicolli propuso una explicación menos novelesca: de bezze o betie, es decir pasto.
Lo más antiguo del municipio está en Colombare di Bersano: una terramara de la Edad del Bronce, excavada a finales del siglo diecinueve y presentada a la Accademia dei Lincei en 1893 por Luigi Pigorini. Al medir el foso — de tres metros de profundidad y veinte de anchura — y todo lo demás, Pigorini advirtió que cada cifra resultaba divisible por cinco, y dedujo que aquella gente tenía ya una unidad de medida propia. En cuanto a la historia reciente, en 1029 el emperador Conrado II invistió a Uberto Pallavicino de estas tierras, y durante ocho siglos Besenzone siguió la suerte de Cortemaggiore: municipio por su cuenta no lo fue hasta 1814. Una última cosa, de 1595: cuando pusieron la primera piedra de la iglesia de Mercore, debajo colocaron dos frascos, uno de aceite y otro de vino.
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