El bronce que está en el fondo de la bahía de San Fruttuoso se fundió con medallas, piezas de barcos, campanas e incluso hélices de submarinos estadounidenses donadas por la U.S. Navy. La idea fue de Duilio Marcante, instructor de buceo: en 1947 su compañero de inmersión Dario Gonzatti había muerto en estas aguas, y Marcante se empeñó en dedicarle un Cristo posado en el fondo. Consiguió el apoyo del armador Giacomino Costa, Guido Galletti modeló la figura, la fundición artística Battaglia la coló y el 29 de agosto de 1954 la Marina italiana la bajó al mar, entre Camogli y Portofino.
Qué ver
La estatua mide algo más de dos metros, con los brazos abiertos y las manos alzadas hacia el cielo en señal de paz. La base se apoya en el fondo a 14,4 metros; el Cristo está sujeto a ella a 12,2 metros y las manos llegan a diez metros bajo la superficie, así que la silueta se intuye incluso desde justo debajo del agua. Una placa en la base recuerda a Marcante.
En 2003 la estatua se sacó del agua para frenar la corrosión, quitar las incrustaciones y volver a pegar una mano que había arrancado un ancla y que encontró el buceador Enea Marrone. Volvió al fondo el 17 de julio de 2004, sobre una base nueva y a menos profundidad que antes. Del mismo molde salieron otras fundiciones, en Key Largo, en Florida, y en el muelle de St. George's, en Granada, mientras que una copia está en tierra, en la iglesia de la abadía de San Fruttuoso.
La visita
Solo se llega buceando, y estamos dentro del área marina protegida de Portofino: hace falta un acompañante inscrito en el registro de la Región de Liguria, de modo que se baja con un centro de buceo. El fondo es somero y la inmersión se considera fácil, tanto que es una de las más frecuentadas de Italia; las barcas salen de Camogli, Santa Margherita y Portofino. Quien no bucea llega a San Fruttuoso en barco o a pie por los senderos del promontorio, y encuentra la copia dentro de la iglesia.
El consejo de la redacción
Elegid un día de sol y mar en calma: lo que hace memorables esos pocos minutos en el fondo es la luz que baja desde arriba, y con el cielo cubierto el bronce oscuro se confunde con la arena. Si no tenéis titulación no renunciéis: los centros de la zona organizan bautismos de mar en poca profundidad, y la abadía con su copia merece de todos modos la travesía en barco.
