La plaza que todos llaman Piazzetta tiene un nombre oficial que casi nadie usa: piazza Martiri dell'Olivetta, por los veinte partisanos fusilados encima del pueblo, en el paraje de Olivetta, la noche del 2 al 3 de diciembre de 1944. En ligur se dice A Ciassetta. Aquí las callejas del casco viejo se abren hacia la dársena, y en julio de 2012 la asociación Locali Storici d'Italia la inscribió en su registro: primera plaza admitida en una lista hecha de cafés y hoteles.
Qué ver
El espacio es pequeño y está cerrado por tres lados por casas estrechas y altísimas, con soportales en la planta baja y fachadas pintadas a la genovesa: cornisas, ventanas falsas y molduras que solo existen como color. La mejor sucesión corre por la calata Guglielmo Marconi, hacia el nordeste. El cuarto lado es el mar, con el molo Umberto I y las barcas amarradas; detrás de la plaza, en el núcleo más antiguo, está la iglesia parroquial del Divo Martino.
Encima, a pocos minutos de escalones entre olivos, está el Castello Brown: la antigua fortaleza de San Giorgio, citada en 1425 cuando Tomaso Fregoso la tomó, y las excavaciones hallaron allí restos de una torre de vigía romana de los siglos II y III. En 1867 la compró Montague Yeats Brown, cónsul británico en Génova, que con Alfredo d'Andrade convirtió la plaza de armas en jardín colgante e hizo plantar dos pinos marítimos para su boda. Desde 1961 pertenece al ayuntamiento y acoge exposiciones. Más arriba, la iglesia de San Giorgio; en la punta, el faro de 1917.
La visita
La carretera que llega de Santa Margherita Ligure termina aquí y no sigue: de junio a septiembre conviene dejar el coche y venir en autobús, en los barcos que enlazan Santa Margherita, Rapallo y Camogli, o a pie por el sendero costero, poco más de una hora de camino. Aparcamiento hay, pero es diminuto y caro. La plaza se cruza en un minuto; el tiempo se va en lo que la rodea, media hora de subida hasta el faro y otro tanto hasta el castillo. Media jornada basta, y un café en la mesa cuesta lo que una comida entera tierra adentro.
El consejo de la redacción
Venimos temprano, antes de que los barcos suelten la primera tanda de excursionistas: a las ocho en la plaza solo están el pescadero y los chicos que friegan las mesas, y la luz entra baja entre las casas. Si no, después de las siete de la tarde, cuando ya ha salido el último enlace. Y aconsejamos no sentarse en esas mesas: mejor tomar el sendero hacia el faro, pararse en las rocas y mirar la Piazzetta desde fuera, que es el ángulo desde el que la han pintado y fotografiado durante un siglo.





