En 1130 el papa Inocencio II entregó la iglesia de San Martino a los monjes de la abadía de San Fruttuoso di Camogli: es uno de los primeros documentos en los que aparece el edificio, y la comunidad parroquial era todavía más antigua. La iglesia del Divo Martino, como la llaman en Portofino, está en la parte más vieja del pueblo, en la salita della Chiesa, y nació en el siglo XII con formas románicas lombardas; fue consagrada el 10 de junio de 1548 y reformada a fondo en el siglo XIX, que es la cara con la que la vemos hoy.
Qué ver
Dentro hay un Maragliano, y solo por él merece la subida: el grupo de madera con el Descendimiento de Cristo es de Anton Maria Maragliano, el escultor genovés que llenó las iglesias de Liguria de tallas policromadas. Al lado cuelgan una Virgen del Rosario de escuela genovesa del siglo XVIII, una Anunciación del mismo siglo y un lienzo con los santos Roque, Sebastián y Pantaleón, pintado en el siglo XVI por un ligur que emplea la técnica de Teramo Piaggio.
La planta tiene tres naves y la fachada se abre con un rosetón. La propiedad cambió de manos varias veces: en 1550 una bula del papa Julio III la asignó al príncipe Andrea Doria y a sus herederos, y en 1696 el arzobispo de Génova elevó la parroquia a arciprestazgo. Desde 1892 pertenece a la diócesis de Chiavari.
La visita
Se sube a pie desde la plaza, unos minutos de escalones entre las casas estrechas del casco viejo; es el mismo camino que continúa más arriba hacia la iglesia de San Giorgio y el castello Brown, así que conviene encadenar las tres paradas en una mañana. Es una parroquia en activo: los horarios siguen a los oficios y durante una celebración o una boda la entrada puede quedar suspendida. Dentro hay poca luz y los ojos tardan un momento en acostumbrarse.
El consejo de la redacción
Vayan temprano, antes de que el pueblo se llene: con la iglesia vacía, la madera del Descendimiento, que en la penumbra parece piedra, se lee mucho mejor, hasta los pliegues de los paños. Salgan después y sigan subiendo: bastan unos pocos tramos de escaleras para que los tejados queden bajo sus pies y el golfo se abra de golpe.
