Un destello blanco cada cinco segundos, visible a 16 millas náuticas: eso es todo lo que el faro de Portofino tiene que hacer, y lo hace desde 1870 en el extremo occidental del promontorio, donde la tierra se acaba y se abre el golfo del Tigullio. La torre mide 12 metros, tiene forma piramidal y está unida a un edificio de dos plantas que fue vivienda del farero. Hoy no vive nadie allí: la instalación está automatizada, alimentada con energía solar, y la gestiona la Marina Militar italiana con la sigla 1675 E.F.
Qué ver
La linterna queda a 40 metros sobre el nivel del mar, altura suficiente para distinguirla desde medio golfo y, en los días claros, más allá de la punta de enfrente. Bajo la torre el agua pertenece al área marina protegida de Portofino, uno de los fondos más buceados de Italia; por encima solo está el monte bajo del parque regional, madroños, encinas y pinos hasta el borde del acantilado.
La arquitectura no hace discursos: blanco, aristas limpias, ningún adorno, la casa del farero apoyada en la torre como un edificio de servicio cualquiera. Después de las fachadas pintadas de la plaza del pueblo, es ese contraste lo que más llama la atención: aquí la construcción sirve solo para sostener una lámpara en alto, y se nota.
La visita
Se llega únicamente a pie. Desde la plaza se toma la subida hacia San Giorgio, se pasa junto a la iglesia y al castello Brown y se sigue por la via alla Penisola: unos veinte minutos de escalones, muros de piedra y verjas de jardín, con el mar siempre a un lado o al otro. El faro en sí no se visita, el acceso está reservado al personal, pero el sendero llega hasta debajo de la torre y el último tramo, cortado a pico sobre el agua, justifica el paseo.
El consejo de la redacción
Nosotros vamos en la última hora de luz, cuando el sol baja detrás del promontorio y la lámpara se enciende mientras uno todavía está arriba: dura poco y es el mejor momento. Calculen la vuelta, que es cuesta arriba todo el rato, y metan una linterna en la mochila: en los escalones a la sombra, con la humedad de la tarde, la piedra resbala.
