En 1884 se levantó en la isla del Tino una segunda torre, más alta que la primera, y en lo alto se montaron lentes de incandescencia alimentadas por dos máquinas de vapor: el haz resultó tan potente que en 1912 la instalación se sustituyó por otra de vapores de petróleo. El faro de San Venerio, que pertenece al municipio de Porto Venere, nació por voluntad de Carlos Alberto: las obras empezaron en 1839 y desde 1840 la luz guía a los navegantes en este tramo del mar de Liguria, en el sector que linda al noroeste con la Lanterna de Génova y al sur con el faro de Livorno. El primer combustible fue aceite vegetal; después llegó el carbón.
Qué ver
El edificio es un ejemplo de construcción fortificada neoclásica. Las reformas han sido muchas, pero la traza monumental se mantiene: un cuerpo bajo y compacto sobre la roca, la torre que se despega de él y la linterna en lo alto, a unos treinta metros.
La isla del Tino es zona militar y permanece cerrada al público todo el año, con una sola excepción: el 13 de septiembre, festividad de san Venerio, patrón del golfo de La Spezia y de los fareros de Italia. Ese día se desembarca y se sube hasta el faro. La instalación se electrificó con la llegada de la corriente y se automatizó por completo en 1985; hoy depende del mando de faros de la Marina Militare en La Spezia, que atiende todos los faros del alto Tirreno. Desde 1997 el faro forma parte del sitio UNESCO que reúne Porto Venere, las Cinque Terre y las islas.
La visita
Fuera del 13 de septiembre no se desembarca. La manera normal de verlo es desde el agua: las embarcaciones que en verano rodean Palmaria, el Tino y el Tinetto pasan bajo el acantilado sin tocar tierra. De noche se invierte todo, porque los destellos se leen muy bien de lejos: desde Lerici, en la otra orilla del golfo, y desde los senderos altos de las Cinque Terre.
El consejo de la redacción
Si está aquí en septiembre, deje libre el día 13: las barcas organizadas hacia el Tino salen de varios puntos del golfo y las plazas se agotan pronto, así que conviene preguntar con unos días de antelación. El resto del año aconsejamos el punto de vista contrario, el nocturno: desde el castillo Doria de Porto Venere o desde la carretera que sube hacia las Cinque Terre se espera el destello, se cuenta el intervalo y se entiende por qué una luz encendida desde hace casi dos siglos sigue haciendo falta.
