🏰 Castillos y palacios

castello di San Terenzo

📍 Lerici, Liguria · 49/100

El castillo de San Terenzo no lo quiso ni un señor ni una república: en 1360 lo levantaron los propios vecinos del pueblo de pescadores, por decisión suya, sin artillería ni hombres de guardia. Un documento del 29 de julio de 1588 conservado en el archivo estatal de Génova confirma ese origen, y a finales del siglo XVI el podestá Gregorio Cadamartori, al informar al dux Davide Vaccari sobre su inspección de las fortificaciones del golfo de La Spezia, lo despachaba como un «castillejo construido años atrás por la gente de dicha villa». Ese castillejo sigue ahí, sobre un espolón rocoso en el extremo occidental de la bahía.

Qué ver

La planta es un pentágono irregular, con tres torrecillas circulares en los ángulos que miran al pueblo, cortinas macizas que encierran un segundo recinto interior y un torreón de base cuadrangular con almenas güelfas y ménsulas de sección cuadrada. No nació así: al principio solo había una torre cuadrada de unos diez metros, almenada, pensada para avistar las velas que se acercaban. Todo lo demás llegó después, cuando la torre de vigía tuvo que convertirse en bastión frente a las incursiones de los corsarios otomanos.

Por el lado de tierra, un ancho contrafuerte y un foso protegían el muro; el foso está cegado y solo una saetera del baluarte norte señala todavía por dónde pasaba. Bajo el promontorio se abre una gruta que aquí siguen llamando Tana dei Turchi, la guarida de los turcos, y el nombre dice por sí solo de dónde venía el miedo. Entre los primeros alcaides los documentos recuerdan a Giovanni da Mongiardino, ya castellano de Lerici en 1401, al mando de ocho ballesteros, y a Giacomo Rossi, natural del pueblo, que combatió contra los pisanos y mereció el elogio de Simone Boccanegra: el castillo formaba parte entonces del sistema defensivo genovés en el golfo y más tarde hizo pareja con la fortaleza mucho mayor de Lerici.

La visita

Se sube desde la piazza Brusacà, se toma la via Meneghetti y luego la rampa que lleva a la entrada: pocos minutos a pie desde la playa, pero cuesta arriba. Desde diciembre de 2014 el castillo lo gestiona el Ministerio de Cultura a través del Polo museale della Liguria, convertido en diciembre de 2019 en Direzione regionale Musei; los horarios siguen el calendario de los museos estatales y conviene comprobarlos antes de salir. Dentro no espere salas amuebladas: lo que vale es la obra militar y el punto de vista que domina.

El consejo de la redacción

Suba a última hora de la tarde, cuando la luz llega rasante desde poniente y la bahía se vacía. Desde los adarves se entiende enseguida por qué el fortín está justo ahí: desde ese diente de roca se controla toda la lámina de agua frente al pueblo y medio golfo de los Poetas. Baje luego hacia la Casa Magni, la casa junto al mar donde Shelley pasó sus últimos meses: cinco minutos, y el contraste entre la piedra de guerra y la playa de los poetas compensa el rodeo.

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