La casa fuerte de Roglio no es un castillo ni tiene entrada para visitantes: es una vivienda privada, en el valle que lleva su nombre, al oeste del casco de Celle Ligure. Las fuentes la incluyen entre las arquitecturas militares del municipio junto con las casas fuertes de Cassisi y de Bottini: tres edificios que servían al control y a la vigilancia en el lado occidental del pueblo, en defensa del territorio. No eran obras de asedio, sino puestos de guardia en la ladera, y el tiempo los ha dejado convertirse en casas.
Qué ver
De las tres casas fuertes de poniente las fuentes conservan el nombre, la posición y la función, no una descripción detallada. Roglio está en el valle homónimo, Cassisi en la colina que lleva el mismo nombre, Bottini acabó dentro de un edificio del siglo XIX que la oculta casi por completo. Las tres son hoy propiedad privada, y ese es el primer dato con el que hay que contar.
Roglio se entiende mejor dentro del resto del sistema de vigilancia de Celle. En el siglo XVI el miedo a las incursiones de los piratas empujó al pueblo, con el apoyo de la República de Génova, a levantar dos obras llamadas di Levante y di Ponente, registradas en un inventario de 1598. En la cresta estaba la torre Bregalla, a 261 metros sobre el nivel del mar y de planta circular, puesto de vigilancia costera reconvertido después a uso agrícola y demolido por los soldados alemanes en 1944, por considerarlo una referencia demasiado cómoda para la marina angloamericana. Siguen en pie las dos torres almenadas del Cornaro, La Camilla y la de los Bacci, que dominan el valle hasta el mar.
La visita
No hay horarios, ni entradas, ni visitas guiadas: los interiores son privados. Se sube hacia el oeste desde el centro histórico de Celle, crecido a lo largo del torrente Ghiare y hoy en buena parte cubierto. El pueblo tiene estación en la línea Génova-Ventimiglia y salida propia en la autopista A10, y la carretera estatal 1 Aurelia lo atraviesa; a partir de ahí se camina, entre bancales de olivo taggiasca y huertos.
El consejo de la redacción
Nosotros la tomamos como una etapa y no como un destino. Media jornada a pie por la ladera occidental, con las torres del Cornaro y la cresta de la Bregalla, rinde mucho más que un desvío en coche para ver un muro. Contamos con calzado cerrado, agua y ninguna señalización, y nos quedamos en el camino: quien vive allí no tiene por qué pagar nuestra curiosidad.
