Manlio Trucco fue el primero en llevar los reflejos metálicos de tercer fuego a los talleres cerámicos de Albisola, un procedimiento que después estudiarían muchos otros artistas, Lucio Fontana entre ellos. El museo que lleva su nombre ocupa la casa que se hizo construir en 1936 en la via Aurelia, en Albisola Capo, con proyecto del ingeniero Fabris y del arquitecto Mario Labò: dos plantas que albergaban su manufactura, Trucco Ceramiche d'Arte. Fue él quien la donó al ayuntamiento con una condición precisa: que se convirtiera en un museo a disposición de los artistas ligures. Abrió el 21 de mayo de 1989.
Qué ver
Las salas reúnen cerámica ligur desde el siglo XV en adelante. A ese núcleo se suma un conjunto de mayólicas cedido en préstamo por el hospital San Martino de Génova: en su mayoría botes y recipientes de farmacia salidos de los talleres de Savona de los siglos XVII y XVIII, con el azul sobre fondo blanco del estilo antico Savona. En el jardín se expone de forma permanente la Battaglia de Agenore Fabbri, y desde 2009 el edificio acoge además la biblioteca municipal.
El resto cuenta a Trucco. Nació en Génova en 1884, creció en Belém, en Brasil, donde su padre dirigía una empresa de caucho; luego México, donde estudió las cerámicas precolombinas de aztecas y mayas, y en 1911 Nueva York y París, donde dibujó motivos para sederías en el taller Martine de Paul Poiret y trató a Modigliani, Severini, Matisse y Max Jacob. De allí se trajo el déco, que en sus manos se mezcló con los colores tradicionales de Savona. En 1922 abrió con Cornelio Geranzani la manufactura La Fenice, donde trabajó también Arturo Martini.
La visita
La entrada está en la via Aurelia, en Albisola Capo. El edificio tiene dos plantas y las comparte con la biblioteca municipal, así que los horarios son los de un servicio municipal y cambian con la temporada: conviene comprobarlos antes de presentarse. Con el jardín incluido, una hora y media basta para una visita hecha con calma, y quien se interese por la cerámica se quedará más rato.
El consejo de la redacción
Aconsejamos empezar por los botes de farmacia del San Martino y no por las obras de Trucco: al llegar después a sus piezas se ve enseguida cuánto conservó de la tradición local y cuánto se trajo de París. Y antes de salir, el jardín: la Battaglia de Fabbri está fuera, no en las salas, y se pasa por alto con facilidad.
