La villa histórica de Albissola Marina pertenece al Ayuntamiento de Novara, al otro lado de los Apeninos. No es un error de archivo: en 1961 el último propietario, Alessandro Faraggiana, hijo del senador Raffaele y sin herederos directos, dejó en testamento toda la propiedad a la ciudad piamontesa de su familia; desde 1968 la casa está abierta al público para visitas y exposiciones. Antes fue de los Durazzo: Eugenio y su sobrino Gerolamo la hicieron crecer durante décadas a partir de 1717, y el primer cuerpo residencial, el palazzo dell'Olmo, se levantó en 1735 con un arquitecto probablemente genovés y artesanos del lugar. En 1738 empezaron las obras del gran jardín. En 1821 la villa pasó a los nobles novareses Giuseppe y Gerolamo Faraggiana, que le dieron el nombre que aún conserva.
Qué ver
La pieza mayor es la Galería de las Estaciones, construida en 1750 por voluntad de Marcellino Durazzo: una sucesión de arcadas abiertas al jardín, pensadas para las fiestas de la casa. Por las bóvedas corren los frescos con episodios de la vida de Diana; en el suelo hay un pavimento de mayólica policromada; a lo largo de la galería están las esculturas talladas de Filippo Parodi, fechadas en 1667, el Espejo de Narciso y las Cuatro Estaciones, es decir Flora, Ceres, Baco y Saturno. Según algunos estudios, aquellas cuatro figuras debían ser en origen simples candelabros.
En el ala oriental se abre la capilla de la Misericordia, privada de la familia pero antes usada también por los vecinos de las casas cercanas: en el altar está la Aparición de la Virgen de Giovanni Agostino Ratti, y alrededor se conservan candelabros, ornamentos bordados y orfebrería. Los tonos pastel originales desaparecieron bajo un repintado del Ochocientos que parte de la crítica considera demasiado pesado. La cámara dorada la encargó Giuseppe Faraggiana en 1845 y la amuebló Enrico Tomaso Peters, el mismo ebanista ocupado entonces en el palacio Real de Génova para Carlos Alberto de Saboya: muebles dorados, gusto neoclásico, en choque con el studiolo y el Pregadio del Setecientos y su suelo de mayólica. Fuera, el jardín reúne el trazado a la italiana, las perspectivas a la francesa y las terrazas que impone la pendiente ligur; los Faraggiana, menos dados que los Durazzo al escaparate, lo convirtieron casi en una explotación agrícola familiar, con cereales, vino y aceite de oliva para vender.
La visita
La villa está en via Salomoni, a pocos minutos del paseo marítimo de Albissola Marina, y se visita como sede de exposiciones: los horarios cambian con la temporada y con el calendario expositivo, así que conviene comprobarlos antes de salir. El recorrido interior es corto, pero las salas están amuebladas y no vacías: cuente con una hora larga si quiere mirar los muebles y no solo las bóvedas. Para el jardín, calzado cómodo, porque está aterrazado.
El consejo de la redacción
Mire los suelos. En un pueblo de ceramistas como Albisola, los azulejos de mayólica no son un detalle decorativo sino la firma del lugar, y en la Galería de las Estaciones aguantan la comparación con los frescos que hay sobre la cabeza. Nosotros dejamos el jardín para el final y entramos por las arcadas de la galería: es el punto desde el que los Durazzo querían que se viera, y solo desde ahí se entiende la diferencia entre su jardín de aparato y los campos que cultivaron los Faraggiana.
