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⛪ Iglesias y santuarios

chiesa di San Bernardino alle Ossa

📍 Milano, Lombardía · 65/100

En la piazza Santo Stefano, a dos pasos del Duomo, hay una sala forrada de huesos humanos: cráneos encajados en las paredes formando cruces y marcos, tibias dispuestas en rayos, fémures en rosetones, con el altar en el centro y encima, en la bóveda, un fresco de Sebastiano Ricci con el Triunfo de las almas entre los ángeles. No es una macabra invención barroca: aquí, desde 1127, estaban el hospital de San Barnaba y su cementerio, y en 1210 se construyó una cámara para recoger los huesos que ya no cabían en la tierra. En el siglo diecisiete alguien decidió ordenarlos como se ordena una decoración. El rey de Portugal, de visita, quedó tan impactado que hizo construir en Évora su propia capilla de los huesos.

Qué ver

El osario, al que se llega por el pasillo de la derecha: cuatro paredes cubiertas hasta el techo, con los nichos, las puertas y las ventanas enmarcadas en huesos, y la luz que entra desde arriba sobre la bóveda pintada. Sobre la puerta, los cráneos dispuestos en cruz; en las esquinas, los cráneos más pequeños, que la voz popular dice que eran de los niños del hospital. Una leyenda milanesa contada en el siglo diecisiete decía que eran milaneses muertos combatiendo a los arrianos en tiempos de san Ambrosio: la verdad es más simple y más triste, eran los enfermos del hospital y los condenados.

La iglesia propiamente dicha, rehecha en 1712 por Carlo Giuseppe Merlo tras un incendio, es octogonal con cúpula y balconcitos barrocos desde los que los nobles asistían a la misa; en la capilla de la derecha la tumba de algunos descendientes de Cristóbal Colón, con el escudo y el lema que dice que Colón dio el nuevo mundo a Castilla y a León. Bajo el altar mayor, encontrada por casualidad en 1931, la cripta de los Disciplini: veintiún nichos de fábrica donde los cofrades muertos se colocaban sentados, con el sayo y la capucha, esperando que el cuerpo se consumiera antes de pasar al osario.

La visita

La iglesia está en la piazza Santo Stefano, detrás del edificio de la Universidad Estatal, a cinco minutos del Duomo, metro Duomo o Missori; entrada libre con horarios de iglesia y cierre a mediodía, el domingo solo para las misas. Un cuarto de hora. En el osario no se hacen fotos con flash, y los carteles piden silencio: es un cementerio, no una atracción.

El consejo de la redacción

Entre en el osario y no mire enseguida las paredes: levante la cabeza y mire la bóveda de Sebastiano Ricci, con las almas que suben al cielo entre las nubes. Es lo único pintado en esa sala, y quien la encargó quería que la última imagen fuera esa y no los huesos. Luego baje la mirada: entonces la sala se entiende.

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