Quien entra en el ayuntamiento de Larino para un trámite pasa delante de una edícula funeraria romana sin reparar siempre en ella: dos bustos, un hombre y una mujer, y una inscripción que los nombra — Cayo Gavio Escipión y su esposa Optata. Están ahí, a la izquierda del zaguán. El Palazzo Ducale de la Piazza Roma es justo eso: un ayuntamiento que nunca ha dejado de ser también otra cosa.
Antes fue un castillo normando, levantado en el siglo XI junto a la catedral, cerca de la Porta del Piano, sobre el trazado de la antigua vía consular. Una fortificación exterior, hoy desaparecida, hacía de cárcel. En el siglo XIV pertenecía a Ugone di Soliaco, que lo refortificó en 1340; después pasó a los De Sangro, y de ellos la memoria de Larino conserva sobre todo a Tommasa, señora feudal, que gobernó durante años en lugar de su hijo Ugolino, todavía menor de edad. Un escudo con las armas de la familia sobrevive en vico Brencola, tallado en la clave de un arco apuntado gótico: el arqueólogo Franco Valente sostuvo que había sido trasladado allí, quizá desde el propio castillo, en los años en que se quería borrar el nombre de los Sangro. En 1683 esa misma familia convirtió la fortaleza en palacio señorial, y la guerra salió para siempre de aquellos muros.
Qué ver
La planta es cuadrada, con una torre en el ángulo nordeste. Una larga escalinata sube al atrio porticado, que sostiene una logia de amplios arcos de medio punto: ahí el edificio se entiende de una sola vez. La escalera principal lleva al primer y al segundo piso. La sala de la junta municipal es de estilo Liberty, con el fresco del escudo de la ciudad, un ala sobre campo azul, y en sus cuatro lados los rostros de molisanos y larineses del Risorgimento.
En el nivel del atrio están el museo cívico arqueológico y la biblioteca municipal «Bartolomeo Preziosi». El museo guarda tres pavimentos de mosaico romanos procedentes de las excavaciones de Larinum: el de los Pájaros, el del León y el de la Loba. En la primera sala, epígrafes e inscripciones romanas cubren las paredes; hay también un piano de cola, donado a la ciudad por el profesor Preziosi. La segunda sala expone en vitrinas los hallazgos de época romana.
El consejo de la redacción
Mire la fachada de la Piazza Roma antes de entrar: se construyó en 1888, cuando el palacio ya era del ayuntamiento, y nunca se terminó. Es lo más sincero que este edificio dice de sí mismo.
