En agosto de 1762 dos rayos alcanzaron el campanario de la iglesia madre de Riccia durante una tormenta: murieron tres personas y el edificio sufrió daños, pero el altar y la urna de san Vital quedaron intactos. El episodio se sigue contando en el pueblo y explica antes que nada el peso que esta iglesia tiene en la vida de Riccia. Dedicada a la Asunción de María, se levanta al norte del caserío, en el casco antiguo, junto al ayuntamiento.
Qué ver
La fábrica es del siglo XIII y era románica; ampliada y en parte reconstruida en el siglo XVIII, se reconsagró en 1765. De la Edad Media quedan sobre todo la portada y los capiteles: follajes y figuras de animales, y en el friso de la cornisa los escudos de las familias de Bartolomeo de Capoa y Aurelia Orsini. El exterior que se ve hoy es, en cambio, una rehechura del siglo XX, con sillares dispuestos en una fachada pseudorrománica de perfil escalonado; el campanario medieval es una torre rematada en aguja.
La visita
El interior es barroco, de tres naves. Al fondo de la nave izquierda se abre una capilla con bóveda de crucería nervada y arco gótico, y allí está la Dormitio Virginis pintada hacia 1480 por Silvestro Buono, discípulo de Antonio Solario: una obra napolitana en un pueblo del Fortore que por sí sola justifica la parada. En el muro de enfrente aparece un ermitaño local, el beato Stefano Corumano, con la Virgen y el Niño. Entre las esculturas hay un san Agustín de 1726, tallado en Nápoles por Giovanni Buonavita. El altar mayor es de piedra local, con taraceas de mármol serpentina.
El consejo de la redacción
Pregunten por las reliquias: la iglesia guarda las de san Ciriaco, santa Massimiliana, san Mercurio, san Timoteo y san Vital, además del brazo del beato Stefano Corumano. Las de san Vital llegaron de Roma por iniciativa de Nicola de Capua, administrador del príncipe de Riccia, y entraron en el pueblo en gran procesión, en la misma urna que pocos años después los rayos respetarían.
