El culto se remonta a 1575, cuando — cuenta la tradición — la Virgen «dio audiencia» a las súplicas de los vecinos y libró al pueblo de la peste. Desde entonces, cada tercer domingo de mayo, la estatua esculpida por Antonello Gagini a comienzos del siglo XVI baja del altar por la tarde; a las nueve de la noche arranca la procesión, que se prolonga casi hasta el alba del lunes con paradas bajo las once «coronas» montadas por los barrios.
Cargan la imagen los cofrades, con trajes bordados en seda y oro, mientras los fieles entonan cantos populares transmitidos durante generaciones; el regreso al templo se saluda con fuegos artificiales. En torno al núcleo religioso gira una semana larga de conciertos, espectáculos y citas como el Palio dell'Udienza, espectáculo ecuestre en la plaza: la edición de 2026, la número 451, se celebró del 8 al 18 de mayo.
Hay además ciclos especiales: cada cinco años una procesión de agosto lleva a la Virgen al barrio del Trasferimento, y cada diez años un segundo recorrido, el martes siguiente a la fiesta, atraviesa la Infermeria, el barrio por el que la estatua pasó por primera vez en tiempos de la peste.
