🖼️ Museos

Museo naturalistico regionale di Isolabella e Villa Caronia

📍 Taormina, Sicilia · 123/100

En 1806 Fernando III de Borbón, en visita oficial a Taormina, quiso agradecer a la ciudad su larga fidelidad a la corona y regaló al alcalde de entonces, Pancrazio Ciprioti, el peñón de Santo Stefano, el islote de la bahía que se abre bajo el centro histórico. Casi un siglo después la inglesa Florence Trevelyan (1852-1907), afincada en Taormina tras largos viajes y casada con Salvatore Cacciola, profesor de cirugía y alcalde de la ciudad durante más de veinte años, lo compró y lo transformó en un jardín que sus contemporáneos describieron como un paraíso terrenal.

El nombre con el que hoy lo conocemos, Isola Bella, habría nacido precisamente de una conversación entre Trevelyan y el barón y fotógrafo alemán Wilhelm von Gloeden. El islote y la cercana Villa Caronia forman hoy juntos un museo naturalista regional.

Qué ver

El museo es ante todo la isla misma: el jardín plantado por Trevelyan a finales del siglo XIX sobre lo que hasta entonces era simplemente el peñón de Santo Stefano. La pequeña bahía que lo rodea, con la playa vuelta hacia el islote, está entre los puntos más fotografiados de la costa jónica siciliana, y el lugar conserva una doble identidad, monumento natural y jardín histórico, ligada a la figura de su excéntrica propietaria inglesa.

La otra alma del museo es Villa Caronia, que comparte con la isla el nombre y la gestión: juntas documentan el tramo de costa que la temporada del turismo de élite de finales del siglo XIX transformó para siempre.

La visita

La isla se encuentra frente a la playa homónima, en la bahía a los pies del promontorio de Taormina. Desde 1992 un teleférico une el centro histórico con la costa; la alternativa es la carretera que baja en curvas cerradas. Una vez abajo, el acceso al islote depende del estado del mar y de los horarios de apertura del museo, que conviene comprobar por adelantado.

El consejo de la redacción

Antes de bajar, párate a mirar la isla desde arriba, desde los miradores repartidos por la carretera que desciende del centro hacia el mar: desde ahí la silueta verde del peñón y el dibujo de la bahía se leen mucho mejor que desde la orilla. Baja después a primera hora de la mañana, cuando la luz llega del este y la playa aún está tranquila. Y si la figura de Florence Trevelyan te despierta curiosidad, busca el gran parque público que creó entre 1897 y 1898 comprando 87 lotes de terreno: lo bautizó Hallington siculo, por el pueblo inglés donde había vivido, y en 1923 fue expropiado por ley para que quedara en manos de los taorminenses.

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