🏺 Sitios arqueológicos

necropoli di Bellamagna

📍 Modica, Sicilia · 50/100

Una docena de tumbas nunca se terminó: la roca está desbastada a medias, la boca apenas iniciada, y el trabajo se detiene ahí. Las demás, 87 en total, son cámaras excavadas en la caliza, de planta circular o casi, y en algunas se abre un nicho en la pared del fondo. Las abrieron los grupos de la cultura de Castelluccio, la antigua edad del bronce siciliana, entre 2200 y 1450 a. C., en una meseta a dos kilómetros y medio de Pozzallo que pertenece, sin embargo, al término municipal de Modica.

Qué ver

Las cámaras se abren en las laderas rocosas a ambos lados de la carretera que une Bellamagna con Zimmardo: 79 se alinean a lo largo de ese trazado, casi todas orientadas al sur y al sureste. La entrada es un hueco bajo, muchas veces medio cegado por la tierra caída de la pendiente; detrás se ensancha la cámara funeraria. En la cultura de Castelluccio estas celdas se cerraban con losas de piedra que, en varios yacimientos, llevan grabados motivos en espiral.

La meseta volvió a ser cementerio mucho después: en época tardoantigua se excavaron aquí nueve pequeños hipogeos y una treintena de tumbas de fosa, reconocibles por su forma rectangular y su corte limpio, distinto del perfil redondeado de las cámaras prehistóricas. Las cámaras están vacías desde hace tiempo; el ajuar típico de esta cultura, vasos con líneas pardas sobre fondo amarillo rojizo, vasos en forma de reloj de arena y cuencos de pie alto, se ve hoy en los museos arqueológicos del área hiblea.

La visita

No es un parque vallado: no hay taquilla, ni horarios, ni un panel que explique lo que se está mirando. Se llega en coche por la carretera Bellamagna-Zimmardo, entre muretes de piedra seca y campos de cultivo, y se sigue a pie por los márgenes; las cámaras solo se distinguen de cerca, porque la hierba alta las tapa. Hacen falta calzado cerrado, agua y prudencia: el terreno es irregular, en parte privado, y no todas las aberturas son seguras. Con una hora basta para hacerse una idea del conjunto.

El consejo de la redacción

Vamos con el sol bajo, temprano por la mañana o a última hora de la tarde: la luz rasante despega la sombra de cada entrada en la ladera y las tumbas se vuelven legibles, mientras que a mediodía desaparecen en el blanco de la roca. Si quedan ganas de más, media hora en coche lleva a Cava d'Ispica, donde cámaras del mismo tipo se visitan por un sendero acondicionado.

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