🏺 Sitios arqueológicos

Colonna Pizzuta

📍 Noto, Sicilia · 40/100

En 1899 Paolo Orsi excavó bajo la base y derribó una idea que tenía un siglo: no era un trofeo de guerra. Debajo de la columna, tallado en la roca, había un hipogeo cuadrangular estucado de rojo y blanco, con dos guerreros depositados; uno sostenía un bronce de la época de Hierón II, y ese detalle bastó para trasladar la datación del monumento del siglo V al III a.C. La Colonna Pizzuta señala, pues, un sepulcro importante, plantado en las afueras de la antigua Heloro, en la finca de Ficopala.

Qué ver

El fuste mide 3,90 metros de diámetro y se levanta 10,50 metros sobre un basamento de cuatro escalones: proporciones recias, casi de torre, que se explican por su función de señal visible desde el mar y desde el camino a Siracusa. El nombre viene del siciliano pizzuta, puntiaguda: el remate acababa en punta antes de que el terremoto de 1693 lo desmochara.

En el fuste hay una lápida de mármol de 1795 que recuerda las obras de arreglo ordenadas por Fernando III de Sicilia. El monumento había salido del olvido pocas décadas antes: el pintor francés Jean-Pierre Houël dejó unos apuntes durante su viaje siciliano, el primer testimonio que conservamos. Antes de Orsi se discutía si lo habían erigido tras la derrota de Hipócrates de Gela frente a Siracusa o para celebrar la victoria sobre los atenienses de Demóstenes y Nicias, aniquilados en el 413 a.C. junto al río Asinaro, a poca distancia de aquí.

La visita

Estamos a unos diez kilómetros de Noto, en la carretera que baja hacia el mar y la desembocadura del Tellaro. La columna está a cielo abierto, sola entre los campos, y se distingue desde lejos; no hay entradas ni horarios, y veinte minutos bastan para rodearla y leer la lápida. El área arqueológica de Heloro, en la colina sobre el mar Jónico algo más al sur - murallas del siglo VI a.C., teatro, santuario de Deméter y Core -, lleva en cambio años cerrada por falta de guardas: conviene preguntar antes de contar con ella. Calzado cerrado: en verano la hierba alta esconde las piedras.

El consejo de la redacción

Vamos a última hora de la tarde, cuando la luz rasante marca las juntas de los bloques y la columna proyecta una sombra larguísima sobre el campo. Luego bajamos a pie a la playa de Eloro: diez minutos, y se entiende por qué los siracusanos pusieron aquí su primera colonia. Quien tenga tiempo, que la una con Vendicari, que empieza justo después.

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