Qué ver
La villa se organiza en torno a un peristilo central de veinte metros de largo. El pórtico norte conserva un pavimento de mosaico de quince metros con festones de laurel que forman círculos y octógonos de lados curvados, llenos de motivos geométricos y florales. Al pórtico asoman tres estancias residenciales pavimentadas con mosaicos figurados, obra probable de talleres africanos. La primera, seguramente una sala de banquetes, acoge la escena del rescate del cuerpo de Héctor: Ulises, Aquiles y Diomedes, identificados por inscripciones en griego, asisten al pesaje del cadáver colocado en un platillo de la balanza frente al oro del platillo opuesto. El episodio procede de una tragedia perdida de Esquilo y la composición está rodeada por cenefas con liebres, tigres, leopardos y máscaras teatrales. La sala central guarda el mosaico de Baco, con cuatro crateras en las esquinas de las que parten festones y recuadros con sátiros y ménades danzantes. La tercera estancia presenta una escena de caza con un banquete al aire libre entre los árboles, la personificación de África, siervos trabajando, el detalle realista de los reflejos del agua en el vado de un río y un cazador atacado por un tigre.
La visita
Localizada antes de que los saqueadores arrancaran los mosaicos, la villa se recorre hoy dentro de un recinto de cubierta. La entrada original estaba en el ángulo nordeste, bien situada respecto a la cercana vía consular romana, y la precedía una escalinata monumental de siete peldaños de mármol blanco que llevaba a un vestíbulo con suelo geométrico. Detrás de la estructura se extienden los viñedos tradicionales de la zona, dedicados al nero d'Avola, al moscato y al albanello.
El consejo de la redacción
Al recorrer el pórtico norte, fíjate en la parte occidental del pavimento: las manchas oscuras y los hundimientos marcados de la superficie musiva son la huella física directa del incendio del siglo V d. C. y de los terremotos posteriores que hicieron caer la cubierta de la villa.
