La sal era para el atún. Las salinas de Vendicari nacieron como taller de la almadraba que está a pocos metros, y las primeras instalaciones se remontan al siglo XV: las balsas escuadradas que aún se adivinan en el Pantano Grande son lo que queda de un ciclo de trabajo de siglos, en el que el pescado se capturaba, se elaboraba y se conservaba sin salir de la bahía. La tonnara, levantada en el siglo XVIII, dio trabajo a cuarenta personas en su mejor momento, con dos rais - el primero de Avola, su segundo de Pachino - y cerró en 1943.
Qué ver
De la tonnara quedan los almacenes destripados y la chimenea, todavía en pie y bien visible desde la playa. Encima, la Torre Sveva: la mandó construir con toda probabilidad Pedro de Aragón, conde de Alburquerque y duque de Noto, hermano de Alfonso V, en un tramo de costa que había que vigilar. Mucho más antiguas son las piletas de una factoría helenística de salazón, con una pequeña necrópolis al lado, y el asentamiento bizantino de la Cittadella dei Maccari, abandonado cuando la costa se volvió demasiado peligrosa.
Y luego los pájaros, que son la razón de ser de la reserva. Los pantanos Piccolo, Grande y Roveto distan unas pocas decenas de metros entre sí; el Piccolo no se seca nunca, alimentado por manantiales salobres, y la profundidad media se queda en 30-40 centímetros. África está a 350 kilómetros en línea recta y esta es la primera parada útil: flamencos de Francia, gaviotas reidoras de Polonia y Hungría, charranes de Escandinavia, cigüeñas, garzas reales, cormoranes y la cigüeñuela que sube del Sahara hacia el norte de Europa.
La visita
La reserva ocupa 1512 hectáreas, 575 de ellas en zona A y 937 en la prerreserva, con 701 hectáreas todavía cultivadas de cítricos, olivos y viñas. Hay cuatro entradas: Eloro al norte, Calamosche, la principal bajo la Torre Sveva y la Cittadella dei Maccari. Desde la puerta principal hasta las salinas y la tonnara se camina en llano sobre arena: dos o tres horas sin prisa, más si uno se detiene. Prevista por una ley regional de 1981 e instituida por decreto del 14 de marzo de 1984, la reserva no se abrió al público hasta 1989. Agua y sombrero: sombra no hay.
El consejo de la redacción
El mes bueno es diciembre, no agosto: entonces los pantanos están llenos, la observación de aves da lo mejor de sí y la reserva está vacía. Llevamos prismáticos, entramos por la puerta principal y tiramos a la izquierda hacia el Pantano Grande, con el sol a la espalda. Quien venga en verano, que salga al amanecer y se bañe en Calamosche antes de las nueve.
