Cerca de Roccazzo, en campo abierto y a poca distancia de Mazara del Vallo, han aflorado algunos de los testimonios más antiguos de la presencia humana en el territorio de Mazara: raspadores, buriles y láminas de sílex atribuibles al Paleolítico superior. Son instrumentos diminutos, trabajados a mano, dejados por cazadores y recolectores activos aquí miles de años antes de que los fenicios hicieran de Mazara un emporio junto al mar.
Qué ver
Roccazzo es más un yacimiento arqueológico que un monumento: se encuentra fuera del casco urbano, cerca de la pedanía de Borgata Costiera, y se conoce como asentamiento eneolítico, es decir, de la edad del cobre. Lo que lo hace importante son los hallazgos recuperados en el sitio: instrumentos de sílex del Paleolítico superior — raspadores, buriles, láminas — y otras producciones artesanales, que sitúan este trozo de campo entre los testimonios más antiguos de la vida humana en la comarca de Mazara. No esperes templos ni estructuras en alzado: aquí el valor está en la larga secuencia de frecuentación que el terreno ha devuelto.
El consejo de la redacción
A Roccazzo hay que llegar con el ánimo adecuado: es un destino para quien ama la prehistoria y quiere entender dónde empieza la larguísima historia de Mazara, no para quien busca ruinas espectaculares. Antes de dirigirte hacia Borgata Costiera conviene encuadrarlo en el relato más amplio del territorio — de los asentamientos mesolíticos de los Gorghi Tondi a las tumbas neolíticas de cámara excavada — para que esos pocos instrumentos de sílex adquieran el peso que merecen.
