En la bóveda de la nave el diablo intenta escapar: en el fresco del Triunfo de san Miguel sobre Lucifer, una parte de la figura de Lucifer sobresale de la superficie pintada, como si quisiera abandonar la escena. Es el detalle más curioso de la iglesia de San Michele de Mazara del Vallo, un edificio barroco que Jorge de Antioquía mandó construir en el siglo XII y que se reconstruyó a comienzos del siglo XVII por voluntad de la abadesa Ausilia Lazzara. El obispo Giuseppe Cicala la consagró el 23 de enero de 1678, como recuerda una lápida colocada nada más entrar.
Qué ver
La fachada, de gusto neorrenacentista, la levantó en 1702 Alberto Orlando: dos órdenes superpuestos, capiteles dóricos abajo y jónicos arriba, y cuatro hornacinas con las estatuas de los santos Bernardo, Benito, Escolástica y Gertrudis. En lo alto del frontón triangular se sienta el san Miguel Arcángel esculpido por Fazio Gagini. Dentro, la iglesia tiene una sola nave cubierta con bóveda de cañón, un breve crucero y un ábside profundo; sobre el crucero se alza una cúpula semiesférica apoyada en un tambor cilíndrico. Las paredes están marcadas por veinte estatuas de estuco blanco de Bartolomeo Sanseverino, mientras que los frescos y los lienzos son obra de Tommaso Maria Sciacca, autor de la Matanza de los Inocentes, la Sagrada Familia, la Muerte de san Benito y, a los lados del presbiterio, Abraham y Melquisedec y la Cena de Emaús. No te pierdas el ciborio en forma de tríptico firmado por Antonello Gagini en 1532 ni el coro mayor construido entre 1696 y 1702 por Natale Pugliese. Los estucos interiores son de 1697 y se enriquecieron con oro en 1764, bajo la abadesa Maria Benedetta Gerbino.
La visita
A través del crucero la iglesia se comunica con el monasterio benedictino contiguo, reconocible por la galería de doce ventanas con celosías abombadas: desde allí las monjas seguían los oficios que tenían lugar en la plaza de delante. Junto a la fachada del monasterio se levanta el campanario del siglo XVIII, con un alto basamento, un cuerpo cuadrado con reloj en tres de sus caras, un cuerpo octogonal y una torrecilla rematada por una cupulilla. A la iglesia se le añade también una hospedería, puesta de nuevo en funcionamiento con motivo del Jubileo de 2000. Entre los enseres se conserva la estatua de plata de san Vito, que cada año sale en procesión durante 'u fistinu di Santu Vitu.
El consejo de la redacción
Antes de salir, levanta la vista hacia la bóveda y busca el punto en el que la figura de Lucifer abandona el plano del fresco: es un recurso ilusionista que se aprecia sobre todo mirando la escena de lado, mientras te desplazas hacia el presbiterio. Si llegas a Mazara en los días del fistinu de san Vito, la estatua de plata sale de la iglesia y te la encuentras por las calles de la ciudad.
