Bajo la iglesia actual se abre una cripta usada como cementerio cristiano ya desde el 250 d. C., cuando los primeros fieles de Mazara encontraban allí oración y refugio de las persecuciones. Sobre ese núcleo antiguo, en 1093, Roger I de Altavilla mandó levantar una basílica dedicada a san Blas, de estilo árabe-normando, con tres naves y doce altares. La presencia franciscana llegó en 1216, cuando el beato Angelo Tancredi de Rieti, llamado a Sicilia bajo Federico II de Suabia, fundó un convento junto a la entonces iglesia de San Blas.
Qué ver
La fachada revocada, orientada al suroeste, queda encerrada entre altas pilastras de sillería redondeadas en las esquinas. En el centro destaca la portada, firmada por Leonardo Incrivaglia en 1730: dos columnas sobre altos plintos, con el fuste liso en dos tercios y la base salomónica adornada con un festón helicoidal, sostienen un tímpano de volutas. En el tondo sobre la entrada, un bajorrelieve representa a san Francisco recibiendo los estigmas, coronado por una hornacina con la estatua de la Inmaculada Concepción. En los muros laterales todavía se leen los arcos de las naves normandas, luego cegados. Dentro, la sala es de nave única y sorprende por el lujo de los estucos, atribuidos al taller de los Orlando: las alegorías de las virtudes cardinales y teologales toman forma de figuras femeninas de bulto redondo, alternadas en las hornacinas entre los arcos, mientras que por la cornisa corren los bustos de los santos mártires franciscanos entre bandadas de putti. El ciclo de frescos es obra de Giovanni Battista Scannatella; en los altares laterales se conserva una serie de pinturas. En el muro de los pies, el coro de madera se abre sobre un arco decorado con ángeles músicos de estuco.
La visita
El aspecto de hoy nace de una decisión concreta. En 1680 monseñor Francesco Maria Grifeo, futuro obispo de Mazara del Vallo, quiso transformar la antigua planta en clave barroca: derribadas las dos naves laterales, la nave central se elevó y se cubrió con bóveda de cañón. El templo volvió a abrirse al culto en 1703. El terremoto del Belice de 1968 dañó gravemente iglesia y convento; las restauraciones, iniciadas en 1977, se cerraron con la reapertura al culto el 15 de marzo de 2019. Junto a la iglesia merece atención el convento, con el claustro rectangular porticado, las bóvedas de crucería y la fuente en medio del patio. Tras la supresión de las órdenes religiosas de 1866 fue confiscado y destinado a usos civiles: fue cuartel de los carabineros e incluso cárcel de mujeres hasta 1970, antes de la recuperación reciente.
El consejo de la redacción
No te quedes en la nave: la historia más antigua está bajo tierra. Pide bajar a la cripta, donde el cementerio del siglo III cuenta los orígenes cristianos de la ciudad mucho antes del Barroco que se ve en superficie. Después sal hacia el convento: el claustro con la fuente es el punto más tranquilo de todo el conjunto.
