🌋 Naturaleza y vistas

Parco naturale Fanes - Sennes - Braies

📍 Braies, Trentino-Alto Adigio · 64/100

Casi todo el mundo conoce la puerta de entrada y no ve la casa. La puerta es el lago de Braies, con su caseta de barcas y la fila de gente que espera su turno para la fotografía; la casa es lo que hay encima, más allá del borde de la cubeta: tres altiplanos, Fanes, Sennes y Fosses, donde los Dolomitas dejan de ser paredes y se vuelven praderas anchas de piedra clara, silenciosas, con marmotas que silban y ninguna carretera. El parque natural se creó en 1980 y cubre más de veinticinco mil hectáreas.

Qué ver

Los altiplanos son la razón para venir: se sube en tres o cuatro horas desde San Vigilio di Marebbe, desde el lago de Braies o desde el paso del Col de Locia sobre San Cassiano, y arriba se camina horas por un mundo plano a dos mil metros, entre dolinas, lagunas y majadas. Las cumbres de alrededor llegan a tres mil metros, y el parque linda al este con el de las Tre Cime: estamos en los Dolomitas declarados patrimonio de la humanidad en 2009.

En Fanes se ambientan las leyendas ladinas del reino homónimo, con la princesa Dolasilla y las marmotas aliadas: no es folclore de postal, es la épica de una lengua hablada por unas pocas decenas de miles de personas, y quien la conoce camina aquí con otra cabeza. En la otra vertiente, en Prato Piazza, la amplia cubeta de hierba bajo el Picco di Vallandro conserva un fuerte austrohúngaro de la Gran Guerra, hoy en ruinas, con una vista que explica por sí sola por qué se construyó allí.

La visita

En verano el acceso en coche al valle de Braies y a Prato Piazza está regulado con reservas y lanzaderas: conviene comprobarlo antes de salir, porque sin permiso a uno lo paran. A los altiplanos se llega solo a pie; los refugios Fanes, Sennes, Fodara Vedla y Biella permiten dormir en altura y abren en temporada estival. El parque lo cruzan las altas vías uno y tres. En invierno se va con esquís de travesía o raquetas.

El consejo de la redacción

Si solo tiene media jornada y está en el lago, no dé la vuelta para regresar como todos: tome el sendero que sube hacia el collado bajo la Croda del Becco. Bastan cuarenta minutos de subida para dejar atrás al noventa y cinco por ciento de la gente, y desde allí se ve el lago entero, verde, diminuto y sin ruido.

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