A las 6:45 de la mañana del 4 de mayo de 1945 una patrulla estadounidense llegó al hotel del lago y se hizo cargo de 141 rehenes que las SS habían arrastrado hasta aquí en las últimas semanas de la guerra: entre ellos Léon Blum, último presidente del Consejo de la Tercera República francesa, el canciller austriaco Kurt von Schuschnigg, el comandante en jefe griego Alexandros Papagos con todo su estado mayor y varios familiares de Claus von Stauffenberg. El lago de Braies, Pragser Wildsee en alemán, está a 1.496 metros en un valle lateral del Val Pusteria, bajo la pared de la Croda del Becco, que lo domina con sus 2.810 metros.
Qué ver
El lago se formó por un desprendimiento del Sasso del Signore que cerró el curso del río Braies. Son 33 hectáreas de agua, 1,2 kilómetros de largo y entre 300 y 400 metros de ancho, con un fondo que baja hasta los 36 metros: es uno de los lagos más profundos de la provincia de Bolzano. En verano la temperatura de la superficie no pasa de 14 grados, lo que explica que casi nadie se bañe y que casi todos prefieran una de las barcas de madera del embarcadero. En la orilla norte están el hotel histórico y su capilla, y un sendero circular recorre todo el perímetro.
El nombre cuenta la historia del sitio: en 1296 el lago aparece como Hünz an den Se, luego como Praxersee y See in Prags, y solo en 1885 queda registrado como Pragser Wildsee. Ese wild, «salvaje», es del siglo XIX y nace con el alpinismo de masas; la forma italiana Lago di Braies llegó en 1940. La leyenda ladina lo cuenta de otro modo: el valle estaba habitado por hombres salvajes que guardaban el oro de las montañas, y cuando los pastores que subían empezaron a llevárselo, los salvajes hicieron brotar los manantiales y anegaron el fondo del valle para cerrarles el paso. En la roca de la Croda del Becco se abre el Sass dla Porta, la puerta por la que, según la saga de los Fanes, los supervivientes de aquel reino salen cada noche de luna llena a dar la vuelta al lago en barca.
La visita
Desde 2011 el lago está en el salón de media Italia gracias a la serie Un passo dal cielo, rodada en sus orillas, y la afluencia se volvió inmanejable: en los meses de más tránsito el ayuntamiento ha implantado la reserva obligatoria y cierra la carretera a los coches particulares buena parte del día, con lanzaderas desde el Val Pusteria. Compruebe las franjas horarias antes de salir. La vuelta al lago son poco más de tres kilómetros casi llanos, una hora larga con paradas: mitad pista forestal, mitad pasarelas y roca en la orilla occidental. Aquí arranca además la Alta Vía n.º 1 de los Dolomitas, la clásica, que en una decena de etapas llega a Belluno, al pie de la Schiara.
El consejo de la redacción
Nosotros llegamos antes de las ocho, cuando el aparcamiento sigue medio vacío y el lago está en sombra: la luz entra desde el este y prende la Croda del Becco antes que el agua, que se queda negra y devuelve la pared mejor que cualquier postal. Después dejamos la orilla trillada y pasamos al lado de las pasarelas, donde en veinte minutos se deja de cruzar gente. Y en el hotel merece la pena preguntar por el archivo de historia contemporánea abierto en 2006: guarda los papeles de mayo de 1945 y no lo busca nadie.





