Minas de oro y de plata en el territorio hay bastantes, y sin embargo el nombre no puede venir de ahí: Auronzo es un pueblo prerromano, y por tanto el aurum latino queda excluido por la cronología antes aún que por la filología. Una teoría digna de consideración lo acerca en cambio a los eboruntios, que habrían sido los antiguos habitantes del Cadore. También el valle ha resultado mucho más antiguo de lo que se creía: las primeras estructuras romanas salieron a la luz solo en los años noventa, en una casa particular de la via Tarin, y desde entonces los hallazgos se sucedieron hasta componer un cuadro inédito, con el valle del Ansiei habitado al menos desde el siglo segundo antes de Cristo. En el monte Calvario, detrás de la iglesia de Santa Giustina, se excava todavía un lugar de culto activo durante seis siglos, y sus inscripciones muestran que la escritura venética se usó aquí al menos durante todo el siglo primero después de Cristo, mucho más tarde que en la llanura: un retraso que según la fuente lo convierte en el eslabón perdido hacia el nacimiento de la escritura rúnica. En la aldea de Malon, además, unos tiestos prerromanos dieron sentido a un nombre que la gente del valle repetía desde siempre: a aquellas terrazas de piedra seca las llamaban los altares de los paganos.
El pleito más largo fue en cambio con el pueblo del otro lado de la frontera. Auronzo se disputaba desde hacía siglos con Dobbiaco la posesión de Misurina y de algunos pastos vecinos; en 1738 hizo voto de levantar una capilla a la Madonna delle Grazie para acabar con los enfrentamientos, y se la encargó a Matteo Pamperch, arquitecto del Val Badia, consagrándola en 1745. La cuestión se resolvió en 1753, y en esa ocasión se puso en lo alto de la cúpula un gallo de hierro forjado con tres agujeros en la panza, en recuerdo de la leyenda de la vieja y el gallo, a la que se atribuye la solución del conflicto. Ese gallo está en el escudo municipal junto al emblema del Cadore y a los colores rojo y verde que la República de Venecia asignó a Auronzo. Los bosques y los pastos pertenecían a las Magnifiche Regole de Villagrande y Villapiccola, propiedad colectiva inalienable e indivisible, hasta que en 1806 Napoleón suprimió las regole y entregó el patrimonio en administración a los municipios recién nacidos.