Vernole estuvo dividida en dos mitades durante setecientos años. El 15 de agosto de 1115 el normando Goffredo, conde de Lecce y Ostuni, donó al obispo de Lecce Formoso Lubelli «la mitad del casale de Vernole, que se dice de San Lorenzo», para pagar la restauración de la iglesia mayor de Lecce; la donación fue confirmada por Constanza de Hauteville el 23 de noviembre de 1195, y aquella mitad quedó de la iglesia episcopal hasta 1806. La otra mitad siguió en cambio las suertes dinásticas de Lecce hasta que los aragoneses, en 1463, asignaron el feudo a los Tarantini; luego pasó a los Pagano, a los Saluzzo, a los Saraceno y por fin a los Bernardini, últimos señores feudales también hasta 1806. El pueblo, entretanto, se había mudado: tras las continuas incursiones sarracenas los habitantes dejaron el sitio viejo, y del primer núcleo solo quedan los vestigios de la iglesita derruida de San Lorenzo. En cuanto al nombre, el historiador local Eugenio De Carlo lo hacía venir en 1941 del latín verno, brotar, ser primavera, por la suavidad del clima; Giacomo Arditi en 1879 de vernatio, mudar la piel vieja, por el renacer de los habitantes de San Lorenzo; y la tradición dice más sencillamente ver in olae, primavera entre los olivos.
En marzo de 1865, con la ley para la unificación administrativa del Reino, cinco municipios dejaron de existir y fueron anexionados al más grande: Acaya, Acquarica di Lecce, Pisignano, Strudà y Vanze son hoy las aldeas de Vernole. Acaya conserva su ciudadela fortificada del siglo dieciséis. Más antiguo todavía es lo que está en el triángulo entre Acquarica, Acaya y Pisignano: menhires y specchie, y en Pozzo Seccato, cerca de Acquarica, las excavaciones de la Universidad del Salento han sacado a la luz un cortijo fortificado mesapio construido a finales del siglo cuarto antes de Cristo. En la costa el municipio guarda la reserva natural estatal Le Cesine, gestionada por el WWF: es una de las últimas zonas pantanosas de la franja que en otro tiempo iba de Otranto a Brindisi, con los estanques Salapi y Pantano Grande alimentados por las lluvias y separados del mar por un cordón de dunas.