El libro que el geógrafo árabe Muhammad al-Idrisi entregó a Rogelio II en 1154, el Libro de Rogelio, fija la fundación del castillo de Grottole en 604 y se la atribuye a los longobardos de Benevento; otra tradición, recogida por Tommaso Andreucci, la traslada a 851 y la vincula a Siconolfo, príncipe de Salerno, justo después del reparto de las tierras lucanas entre los principados de Salerno y Benevento. De su nombre viene Sichinulfo. La fortaleza está a 540 metros, sobre un cerro completamente separado del caserío que se llamaba Contrada della Motta, y desde allí vigila los valles del Basento y del Bradano.
Qué ver
Motta no es un topónimo cualquiera: en la arquitectura defensiva medieval designa el montículo, natural o levantado con la tierra sacada del foso, defendido primero con obras de tierra y madera y después con murallas. Separado del pueblo, el castillo servía a lo sumo de atalaya; los vecinos se defendían por su cuenta, dentro de un recinto amurallado del que solo quedan unos pocos tramos de piedra dispersos y cuatro torres o más, ya deformadas por el tiempo. La más reconocible acabó convertida en el campanario con reloj de la iglesia de Santi Luca e Giuliano, la Chiesa Diruta, que se la tragó.
Del castillo existe un retrato escrito minuciosísimo: el informe redactado el 1 de septiembre de 1894 para la sucursal de Potenza de la Banca d'Italia. Habla de 1500 metros cuadrados en total, diecinueve estancias en la planta baja y veintiocho en la superior, muros de piedra caliza mezclada con toba trabados con mortero de cal y arena, bóvedas de ladrillo y un tejado de tejas asentado sobre su trasdós. La torre de planta cuadrada mide 21 metros; el resto del edificio, diez. Dentro, en la sala que precede al acceso a la torre, hay una chimenea grande coronada por una concha de estuco que guarda un escudo, quizá el de los Sanseverino de Bisignano; en las bóvedas y paredes de las salas contiguas se adivinan frescos sepultados bajo capas de yeso.
La visita
Se sube por la Salita Castello, donde al principio de la cuesta, a la derecha, se levantaron las cárceles, luego convertidas en viviendas. La puerta principal, en arco, mira al oeste: da a un pequeño patio cubierto y de ahí un zaguán abovedado lleva al patio descubierto. Allí tres escalones y un rellano se abren en dos escaleras; la de la izquierda sube a una galería descubierta con barandilla de hierro, sostenida por pilares y arcos de fábrica, que recorre tres lados del patio. En la planta baja, bajo un arco grande apoyado en una columna, quedan el horno de leña donde se cocía el pan, hoy derruido, y un abrevadero-lavadero de piedra; la bodega y el establo ocupan los sótanos.
El consejo de la redacción
Busquen el ventanal del torreón que da al pueblo y deténganse ahí: es la ventana de Abufina. En la leyenda de Grottole bordaba junto a ella esperando a Selepino, que combatía lejos, y murió arrastrada por el Basento cuando corría a su encuentro. El señor del castillo mandó tapiar la puerta de su cuarto y colocar una lápida de la que a principios del siglo veinte todavía se leían fragmentos. Quien lo cree dice que se aparece en las noches de luna, en primavera y en junio: vayan en esos meses.
