En 922 el emperador Berengario autorizó a reforzar y fortificar el castillo della Motta, en el espolón oriental de la colina de Savorgnano. Aquel feudo valía más de lo que parecía, porque desde allí se controlaba la toma de las roggie, los canales que se desviaban hacia la ciudad de Udine: y tener en la mano el agua de una ciudad convirtió a los Savorgnan en lo que las fuentes llaman los señores del agua. Más antiguo todavía es el monasterio de Salt. Un acta de 762 cuenta que tres ricos hermanos lombardos, Erfo, Anto y Marco, hijos del duque Pedro de Friuli — los mismos que fundaron la abadía de Sesto al Reghena — destinaron las casas de Siacco y Magredis y otros bienes a una fundación benedictina en la orilla del Torre, donde su madre Piltrude se había retirado. Aquella casa gozó del favor de los últimos reyes lombardos y luego de Carlomagno y de Ludovico Pío. Y después, por causas que nadie sabe, hacia el 888 las monjas se marcharon: se trasladaron al monasterio de Santa Maria in Valle en Cividale, llevándose pocos bienes, las reliquias de seis santos y el cuerpo de Piltrude.
En la iglesita de San Pietro en Magredis, un pequeño edificio del siglo quince con espadaña, el presbiterio tiene un ciclo de frescos que Gian Paolo Thanner pintó en 1529; y más abajo, en el zócalo, hay doce recuadros del siglo anterior con los meses del año — un calendario de lo que los campesinos hacían en Friuli, mes a mes. Povoletto fue incendiado por los turcos en la segunda mitad del siglo quince, y siguió la suerte de la Serenísima mientras la Serenísima existió. En 1944 se libró aquí una batalla que terminó con la conquista del ayuntamiento, que era el último edificio que les quedaba a los nazifascistas; estaban las brigadas Garibaldi y las brigadas Osoppo. El terremoto de 1976 causó daños enormes. Y aquel terremoto ha cambiado también quién vive aquí. Hasta el siglo dieciocho, según el testimonio del padre Gaetano Sturolo, las aldeas de Savorgnano y de Ravosa estaban habitadas en su mayoría por gente de lengua materna eslava, y luego aquel habla fue cayendo en desuso en favor del elemento románico; pero en las últimas décadas del siglo veinte una minoría eslovena ha vuelto a residir aquí, porque tras el terremoto la gente del Valcanale y de la Slavia friulana bajó a la llanura. A comienzos de los años setenta un geógrafo calculaba la parte de lengua materna eslovena de este municipio en dos por mil; una estimación gubernamental, diez años después, la elevaba a cinco por ciento. Junto al italiano, aquí se habla friulano, en la variante centro-oriental.