El nombre aparece por primera vez en un documento del siglo noveno como mons Flasconis, y fiasco, la frasca, es una palabra medieval de origen gótico: por qué acabó pegada a una colina no lo sabe nadie. Del siglo dieciséis al diecinueve, sin embargo, algunos humanistas lo leyeron como mons Faliscorum, el monte de los faliscos, e identificaron el pueblo con la antigua Falerii, que en realidad estaba donde hoy está Civita Castellana. En 1853 Francesco Orioli, cuya madre era de aquí, desmontó el asunto en un largo artículo, llamándolo una manía de aquellos eruditos, para los que toda ciudad debía tener por fuerza un origen clásico; los historiadores locales contemporáneos han excluido del todo a los faliscos. Y sin embargo en el pueblo se sigue diciendo Colle falisco, y una familia, cuando el concilio de Trento impuso los apellidos, eligió llamarse Falisci.
Aquello por lo que el pueblo es famoso es, en cambio, una borrachera. En 1111, cuenta la leyenda, el obispo Johannes Defuk acompañaba a Roma a Enrique V y mandaba por delante a su copero Martino a escribir Est — es decir est bonum, hay bueno — junto a la puerta de las posadas donde el vino era decente. Llegado aquí, Martino lo escribió tres veces, con seis signos de admiración. El obispo se quedó tres días, luego volvió acabada la misión y ya no se marchó: murió, según parece, por beber demasiado. Está enterrado en San Flaviano bajo una lápida de peperino gris que dice: «Por el demasiado EST! yace aquí muerto mi señor Johannes Defuk». Dejó al pueblo veinticuatro mil escudos, a condición de que en cada aniversario le vertieran sobre la tumba un barrilito de vino.