Cada jueves por la tarde el pastor recibía a la hora del té a los miembros más activos de la colonia británica: la iglesia anglicana de Bordighera, dedicada a All Saints, era también eso, un centro de vida social. La comunidad inglesa pasaba aquí el invierno, de octubre a mayo, y su historia religiosa empieza en 1863, cuando los primeros fieles se reunían todavía a rezar en el Hotel d'Angleterre, hoy villa Eugenia, en el número 218 de la via Vittorio Emanuele. Al crecer el número de fieles, el obispo de Gibraltar nombró un pastor para la ciudad, el reverendo Henry Sidebottom; después la comunidad fue acogida por Mrs Walker Fanshawe en su capilla privada, dentro del parque de villa Rosa. Fue ella quien en 1873 donó una parte de ese parque para levantar una iglesia de verdad, pagada con una suscripción en la que participó activamente Charles Henry Lowe.
Qué ver
El edificio que se ve hoy es fruto de dos ampliaciones: una en 1883 y otra en 1890, cuando a la pequeña nave inicial se añadieron dos naves laterales, una sacristía nueva y una sala para el órgano. El aspecto es el que la iglesia adquirió a finales del siglo XIX. Los oficios se celebraron hasta 2000; luego el ayuntamiento compró el inmueble, lo restauró y lo convirtió en un centro cultural polivalente que acoge exposiciones, conciertos, conferencias y espectáculos.
La iglesia no se entiende sola: junto con los jardines y villa Rosa forma parte del conjunto protegido por la superintendencia de bienes arquitectónicos y paisajísticos de Liguria. Un nombre ligado a esta parroquia merece parada aparte: el capellán Clarence Bicknell, que catalogó los grabados rupestres y la flora de la zona y al que está dedicado el museo Bicknell de Bordighera.
La visita
La antigua iglesia está en via Regina Vittoria, en el barrio que los ingleses construyeron alrededor de sus villas y sus jardines. No tiene horarios de monumento: se entra cuando hay algo en programa, y el programa lo hace el ayuntamiento. Conviene mirar el calendario cultural antes de subir, sobre todo fuera de temporada. Dentro no busque mobiliario litúrgico: la nave se ha adaptado como sala de exposiciones y conciertos, y el edificio se lee sobre todo desde fuera.
El consejo de la redacción
Vamos cuando hay una exposición abierta: es la única manera de ver el interior sin rodeos, y de paso se recorren los jardines y villa Rosa, que pertenecen al mismo conjunto protegido. Si se queda unos días, añada el museo Bicknell: la historia de la colonia inglesa que levantó esta iglesia se entiende mucho mejor leyendo las dos cosas juntas.
