🏺 Sitios arqueológicos

Costa Balenae

📍 Riva Ligure, Liguria · 50/100

Lo mejor es un baptisterio octogonal de la primera mitad del siglo VI, recuperado en 1937 por las excavaciones de Nino Lamboglia y conservado casi entero. Estamos en Capo Don, en la costa de Riva Ligure, donde la vía Julia Augusta — el trazado que la Aurelia sigue todavía — pasaba junto a la desembocadura del torrente Argentina, el antiguo Tabia fluvius. Aquí estuvo Costa Balenae: el Itinerario de Antonino la registra como fondeadero y la Tabula Peutingeriana la dibuja como mansio con el nombre de Costa Bellene. Se fundó poco después del 181 a.C., el año en que el cónsul Paulo Emilio venció a los ligures.

Qué ver

Del baptisterio se lee la planta completa, un octógono emparentado con los de Albium Ingaunum y Forum Julii, las dos ciudades romanas que habían adoptado el mismo esquema. Al lado corren los muros de la llamada basílica de Capo Don, levantada probablemente por voluntad del obispo de Albenga, cuya jurisdicción alcanzaba este tramo de litoral. Algo más allá asoman los restos de una villa romana excavada solo en parte: las campañas del Pontificio Instituto de Arqueología Cristiana las sitúan en el siglo II o I a.C., el arranque del asentamiento.

La otra mitad del yacimiento son tumbas. El área funeraria es amplia y las inhumaciones responden a tipos distintos, señal de un núcleo organizado y habitado sin cortes: los edificios se rehacen y se van estrechando hasta el siglo X, quizá hasta el XII. Las monedas y las medallas recogidas aquí cubren toda la duración del imperio. En la altura de detrás, la Grangia, se documenta un monasterio benedictino dependiente de Génova hasta el siglo XIV.

La visita

El área arqueológica de Capo Don, así figura en los carteles, se abre a pocos metros de la Aurelia, en el término de Riva Ligure. Las excavaciones continúan y el acceso depende de las campañas: conviene preguntar en el ayuntamiento antes de subir. La manera más cómoda de llegar es el carril bici del Poniente ligur, tendido sobre la plataforma del viejo ferrocarril costero, que pasa justo por debajo.

El consejo de la redacción

Llevemos encima la Tabula Peutingeriana, aunque sea en la pantalla del móvil: ver el signo de la mansio dibujado en un mapa romano y pisar después el suelo donde se cambiaban los caballos cambia la lectura de estos muros bajos. Y no perdamos de vista la relación entre el yacimiento y el mar. La estación vivió mientras la calzada y su pequeño fondeadero sirvieron a alguien, y se apagó cuando los tráficos se desplazaron y las incursiones de los musulmanes asentados en Frassineto hicieron peligrosa la costa.

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