En Arcola los trámites municipales se hacen dentro de un castillo: el palacio de la piazza Ugo Muccini, junto a la antigua torre de los Obertenghi, es la misma estructura que vigilaba el burgo en época feudal. Su construcción está ligada al renacer de Arcola a partir del siglo XI bajo los Obertenghi, tras las invasiones y los saqueos de los normandos primero y de los sarracenos después: fueron ellos quienes hicieron de él uno de los centros defensivos más importantes de la alta Edad Media en este tramo del Val di Magra.
Qué ver
El castillo ocupa el punto más alto del casco antiguo, un burgo encaramado sobre el bajo Val di Magra, y hay que leerlo junto a la torre de los Obertenghi que se alza al lado: las dos piezas funcionaban como un único sistema. El aspecto actual procede de la restauración de 1884, dirigida según el proyecto del ingeniero Canini como una intervención declaradamente conservadora; desde entonces el edificio alberga el ayuntamiento.
La lista de dueños es larga. A los Obertenghi les sucedieron en el siglo XIII los Malaspina, y de esos años data la primera presión genovesa: en 1278 Oberto Doria puso sitio a la plaza, y la torre alta quedó envuelta también en los asaltos. Tras la conquista, los Malaspina vendieron el castillo a la República de Génova. En 1320 lo tomó Castruccio Castracani, señor de Lucca; en 1430 pasó al duque de Milán Filippo Maria Visconti, por mano de su condotiero perugino Nicolò Piccinino. En 1436 volvió a los genoveses y se convirtió en sede de la Podesteria de Arcola y Vezzano. A finales del siglo XVIII, con las guerras napoleónicas, los choques entre ejércitos franco-genoveses y austro-rusos y los bombardeos dejaron graves daños en el castillo y en la torre.
La visita
A Arcola se llega sin dificultad desde el llano del Val di Magra, pero el casco antiguo hay que tomarlo a pie: las calles son estrechas y en cuesta, y la piazza Ugo Muccini se abre arriba del todo. Al tratarse de una sede municipal en activo, el interior sigue el horario de las oficinas y no es un recorrido de visita; lo mejor, por lo demás, está fuera, en la relación entre el volumen del palacio, la torre y los tejados que bajan hacia el río.
El consejo de la redacción
Vamos una mañana entre semana, cuando el burgo trabaja y la plaza está animada sin estar llena, y dedicamos media hora a la vuelta completa alrededor de la manzana del castillo: por detrás se leen mucho mejor las reformas del siglo XIX y lo que queda del sistema defensivo. Luego bajamos unos cuantos callejones hacia el valle y nos damos la vuelta: desde allí el castillo y la torre se presentan tal como los veía quien subía desde abajo, es decir quien tenía que tomarlos.
