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🏰 Castillos y palacios

Villa Magni

📍 Lerici, Liguria · 50/100

El 13 de junio de 1822 la goleta Bolivar de Lord Byron entró en la cala de San Terenzo disparando seis cañonazos para anunciarse: en tierra, en una casa blanca cuya puerta daba directamente a la arena, esperaban Percy Bysshe Shelley y su gente. El edificio había nacido en el siglo XVI como monasterio de los padres barnabitas, pasó luego a manos privadas y quedó rebajado a residencia de verano. Un mapa de 1729 lo atribuye a la familia De Rocca y lo muestra ya tal como es hoy: cinco ventanas en la fachada al mar y el pórtico de arcos levantado sobre las rocas. El nombre actual llegó con los Magni, que tomaron el relevo más tarde.

Qué ver

La casa está al este del viejo casco de San Terenzo, donde el terreno empieza a subir hacia la punta de Marigola. Desde la playa se leen las dos cosas que retuvieron a Shelley: la hilera de ventanas vuelta hacia el agua y el pórtico apoyado directamente en la roca, con el mar trabajando debajo. Detrás se levanta el promontorio, cubierto de nogales y encinas. La villa Marigola, que hoy parece parte de la misma finca, se construyó solo a finales del siglo XVIII por los Ollandini, que más tarde tuvieron también la villa Magni.

Los Shelley se instalaron en abril de aquel año con su hijo Percy Florence, Claire Clairmont, Edward y Jane Williams, John Trelawny y un ir y venir constante de invitados. Dormían sobre jergones prestados por los vecinos, comían pan, fruta y té, y se bañaban desnudos: el pueblo los tuvo por un escándalo. El 12 de mayo atracó la goleta que Shelley había encargado, el Don Juan, que él rebautizó Ariel; el capitán Roberts le enseñaba a gobernarla, pero nunca aprendió a nadar. El 1 de julio partió hacia Livorno y, a la vuelta, el 8 de julio, el Ariel fue sorprendido por una tormenta y se hundió a diez millas de Viareggio.

La visita

San Terenzo es la fracción de Lerici que se abre justo detrás del promontorio de Marigola; se llega a pie desde el centro de Lerici siguiendo la orilla. La villa ocupa el extremo este de la playa, pasadas las últimas casas, y es la fachada al mar lo que se viene a ver: desde la arena el pórtico queda a unos pasos. En el promontorio hubo dos puestos, una pequeña batería contra corsarios junto al agua y una torreta más arriba, ambos capaces de intercambiar señales a la vista con los castillos de Lerici y San Terenzo.

El consejo de la redacción

Vayan con marea alta y mar movido, no en un día de calma chicha: el pórtico recibe la rociada y se entiende por qué Mary Shelley, que estuvo a punto de morir aquí de un aborto el 16 de junio, miraba la bahía como un lugar bellísimo y amenazante a la vez. Suban después por el sendero hacia Marigola. Desde arriba, la casa blanca vuelve a ser la que Shelley eligió al verla desde el mar: apartada del pueblo, al fondo de una cala cerrada al este.

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