Este santuario no lleva el nombre de la Virgen a la que fue dedicado: lleva el nombre de la mujer que lo mandó construir y luego se quedó el derecho de gestionarlo, ganando un pleito que duró cinco años. Se llamaba Agostina Bernabone, era viuda, y el bosque en el que todo empezó era suyo, heredado por testamento de su marido.
Qué ver
En 1531, cuenta la tradición, a Agostina la atrajo hacia el bosque un resplandor que salía de un castaño, y allí encontró un cuadrito con la Virgen y el Niño. Se lo llevó a casa, y al día siguiente lo encontró donde estaba. El hecho se leyó como una voluntad precisa, y la gente del lugar construyó la iglesia en pocos meses, dedicándola a la Virgen de Loreto.
Al año siguiente Agostina pidió y obtuvo del obispo el derecho de patronato: podía nombrar al capellán y administrar las limosnas. El párroco de Riccò la denunció al obispo, y el asunto acabó en Génova ante un delegado de la Santa Sede, entre interrogatorios, testimonios, sentencias y apelaciones. Tras cinco años ganaron ella y su hijo, y desde entonces el lugar es sencillamente la Agostina.
La visita
El santuario está en la parroquia de Valdipino, sobre Riccò del Golfo, aislado en el bosque a trescientos metros de altura; se llega por una carretera estrecha y luego a pie, y abre sobre todo para la fiesta y los oficios. Una hora.
El consejo de la redacción
Mire alrededor y fíjese en que no hay ningún pueblo. Una iglesia sin caserío alrededor es casi siempre una iglesia construida contra alguien: está donde alguien decidió que estuviera, no donde la parroquia la necesitaba. Aquí está en el bosque de Agostina porque era el bosque de Agostina, y también por eso ganó el pleito.
