El acta de nacimiento autónomo de la iglesia de San Benedetto es una bula episcopal del 9 de septiembre de 1569, que la desligó de la pieve de Marinasco. Un siglo antes, en 1470, el lugar ya aparecía en los registros como «Benefitium Sanctis Benedicti»: una capilla existía con seguridad, pero el edificio adquirió su forma y su tamaño actuales solo en el siglo XVIII, en lo alto de la loma que se levanta justo detrás del golfo de La Spezia.
Qué ver
Dentro hay poco, pero bueno. La pieza principal es una Crucifixión sobre lienzo de 1666 de Giovan Battista Casoni; al lado, un cuadro del Carpenino. Menos vistosos e igual de interesantes son las casullas y los accesorios litúrgicos de seda con bordados policromos de principios del siglo XIX: ese ajuar parroquial que en casi todas partes se ha dispersado o ha acabado en un almacén, y que aquí sigue donde estaba.
Alrededor de la parroquial está el resto del aparato religioso de la aldea: el oratorio de Nostra Signora del Montale, levantado en el siglo XVII, y la casa rectoral, de los años treinta del siglo XX — la antigua vivienda del párroco pasó entonces a ser una casa particular. La iglesia figura en el catálogo italiano de bienes culturales.
La visita
San Benedetto es la aldea que da nombre a la iglesia y ocupa la cima de una loma inmediatamente detrás del golfo: la posición, más que cualquier detalle arquitectónico, es la razón para subir hasta aquí. La parroquia pertenece al vicariato de la Bassa Val di Vara, en la diócesis de La Spezia-Sarzana-Brugnato, y su territorio reúne un puñado de núcleos dispersos: Montecapri, Montetenero, Pozzo, Debbio, Case Molinari, Porcale Inferiore y Porcale Superiore. Los horarios siguen los de los oficios, y fuera de la misa dominical la puerta puede estar cerrada.
El consejo de la redacción
Sugerimos subir a última hora de la tarde y quedarnos un momento en la explanada antes de entrar: desde aquí la lógica del asentamiento se lee de un vistazo, el golfo a un lado, las aldeas dispersas al otro, y la iglesia plantada en el punto desde el que se ven las dos cosas. Si está abierto, pidamos ver con calma la Crucifixión: en las parroquiales de aldea los lienzos del siglo XVII suelen quedar en penumbra, y merece la pena que enciendan la luz.
