La receta es la de todas las casas-torre de Noli, y aquí se lee en vertical sin interrupciones: un basamento de grandes sillares de piedra verde local, con pocos huecos, y encima el ladrillo, más ligero, calado por ventanas geminadas y de tres luces. La torre Pagliano forma un solo cuerpo con la casa del siglo XIV a la que pertenece, en corso Italia, y con ella fue sede de la Orden de los Caballeros de Malta.
Qué ver
El cambio de material a media altura no es un capricho. La piedra verde extraída en la zona soporta el peso y encaja los golpes, el ladrillo aligera la parte alta y permite ventanas anchas allí donde ya no hace falta defenderse. La misma lógica rige la torre del Ayuntamiento, un poco más allá, y la casa Repetto junto a la concatedral de San Pietro, levantada también en el siglo XIV en torno a una torre preexistente.
Del interior medieval queda poco. En 1906 la restauración encargada a Angelo Demarchi, ayudante del arquitecto Alfredo d'Andrade, transformó a fondo las estancias, mientras el frente exterior conservó su forma reconocible. Son los años en que d'Andrade y su escuela vuelven sobre la Edad Media ligur: su idea de restauración, muy interpretativa, se sigue leyendo en buena parte del casco antiguo.
La visita
El conjunto está en corso Italia, en el frente compacto del burgo antiguo, a pocos pasos del pórtico que antes daba directamente a la playa y hoy mira a la Aurelia: era el centro del burgo marinero, el equivalente local de lo que Sottoripa representa para Génova. Se contempla desde la calle, y para ver la torre entera hay que retroceder casi hasta la acera de enfrente, porque de cerca las casas contiguas le cortan la parte alta.
El consejo de la redacción
Sugerimos recorrer corso Italia dos veces, en los dos sentidos y con la cabeza alta: en un sentido se cuentan las ventanas geminadas y las de tres luces, en el otro se entiende cómo la torre encaja en el tejido de las casas. Después conviene seguir hasta la logia de la República, donde las lápidas recuerdan el paso de Cristóbal Colón el 31 de mayo de 1476 y de Giordano Bruno en 1576: unos minutos a pie, y el pequeño Estado se cuenta entero.
