El nombre guarda una herencia de mujer. «Cesano» viene del nombre propio Cisius; «Maderno», casi con seguridad, de Maternus, y quería decir que el lugar había pasado por línea materna. En la Galería de los mapas geográficos del Vaticano, en el mapa del Ducado de Milán, el pueblo aparece como Cesa. En el siglo dieciséis los Arese compraron el feudo, y se convirtieron en Borromeo-Arese cuando Giulia Arese se casó con Renato Borromeo: otra herencia que pasa por una mujer.
El conde Bartolomeo Arese, presidente del Senado de Milán, hizo terminar a mediados del siglo diecisiete el palacio que lleva su nombre: un palacio de delicias con decenas de salas, el salón de honor pintado al fresco por Procaccini el Joven, Nuvolone, Ghisolfi y Busca, jardín a la italiana y ninfeo. Al lado sobrevive el torrazzo del castillo que había antes — el que el escudo municipal dibuja en ruinas — y algo más allá el portal del Serraglio, el arco que abría a la reserva donde los Borromeo criaban gamos, ciervos y jabalíes, y que ya no existe. Cesano hizo luego muebles: desde 1874 se celebraba aquí una feria de la artesanía del mueble. Después llegaron las fábricas, y la Snia Viscosa construyó para sus obreros un pueblo entero. El 10 de julio de 1976, con Seveso, Meda y Desio, la ciudad vivió el desastre de la nube de dioxina. Hoy en su borde está el oasis LIPU en el parque de las Groane, con estanques nacidos de viejas canteras de arcilla: media hora de Milán, y dos siglos de distancia.