A la iglesia de Santa Marta estaba ligada una cofradía de disciplini, probablemente activa ya en el siglo XV. Lo seguro es que hacia 1460 los cofrades llamaron a un pintor desconocido, al que los estudiosos llaman Maestro de la Pasión, para decorar su iglesia.
Qué ver
De aquella decoración quedan jirones, y son lo más interesante del edificio: en los pocos tramos de muro medieval que sobrevivieron a la reforma barroca se reconocen todavía cortejos de notables y de gente del pueblo. El resto es del siglo XVIII: las obras empezaron en 1603 y en la primera mitad del siglo siguiente la iglesia se reconstruyó por entero, tomando la forma que tiene hoy.
La visita
La fachada neoclásica es la última en llegar, levantada en 1844 según proyecto de Pietro Delmastro, e introduce un interior que ha conservado casi intacto su aspecto original: un espacio airoso y articulado, marcado por pilastras y cornisas. Dos capillas se abren al espacio central; la de la izquierda guarda, en una hornacina, un crucifijo de madera muy venerado. El altar mayor y la balaustrada de mármoles policromos son de taller lombardo, como el gran coro de madera destinado a los cofrades.
El consejo de la redacción
Levante la vista a la cúpula central: los frescos de las pechinas y del casquete son de un pintor que quedó sin nombre, y son la parte más viva de una decoración por lo demás deliberadamente uniforme, de tintes suaves. En el marco de mármoles y estuco está en cambio el lienzo de santa Marta.
