El patrono de Milo es san Andrés, festejado el 30 de noviembre, en la iglesia madre, construida con piedra de lava del Etna.
Fue el duque Giovanni d'Aragona quien mandó construir, hacia 1340, entre los bosques de Milo, la primera iglesia dedicada a san Andrés, asignándole un feudo y ordenando que fuera priorato de la Iglesia de Catania. Giovanni pasaba parte del verano en Milo, donde los poderosos de la época acudían a menudo a encontrarse con él, hasta el punto de que el pueblo asumió ocasionalmente el papel de centro político estival de Sicilia; regresó allí en 1348 para escapar de la peste que asolaba Catania, pero el viaje no bastó para salvarle la vida. El escudo del municipio, aunque carente de concesión formal del Estado, recuerda todavía hoy esta historia con los palos rojos en campo de oro de Giovanni d'Aragona, la cruz de san Andrés con la palma del martirio y el perfil del Etna.
Entre 1950 y 1951 Milo vivió el episodio más dramático de su historia, cuando se abrieron dos bocas eruptivas a 1800 metros de altitud, obligando a los habitantes a refugiarse en los pueblos vecinos: fue precisamente en aquellos meses terribles cuando comenzó a madurar la idea de la autonomía municipal. El pueblo alberga hoy también el anfiteatro dedicado al cantautor Lucio Dalla, profundamente ligado a estos lugares.