En la Edad Media este pueblo se llamaba Sub Silva, bajo la selva, por el bosque muy extenso que lo cubría; el nombre de Santa Lucia le fue atribuido en 1312, cuando estaba bajo los condes de Collalto del castillo de San Salvatore. Con el nombre, o quizá antes, llegó la feria: la Fiera di Santa Lucia encuentra su primera constancia documental en los estatutos del Comune de Treviso de 1313, aunque algunos historiadores hacen remontar el mercado a alrededor del 661. Era una feria de caballos, asnos y bueyes, de ovejas y cerdos, y un comercio de cáñamo y de lana, y funcionaba por dónde estaba: junto a la Ongaresca, una de las grandes vías de comunicación de la época, y junto al vado de Lovadina, el punto más accesible para cruzar el Piave y paso obligado entre el norte y el sur de Europa. Antiguamente se celebraba en la octava de la fiesta de Todos los Santos; luego se trasladó al 13 de diciembre, y de manifestación comercial pasó a ser también fiesta religiosa.
La iglesia parroquial, inaugurada en 1878, es neogótica, tiene un órgano construido en 1882 por el organero veronés Gaetano Zanfretta y un campanario de 1926 de setenta y seis metros de alto, que es prácticamente una copia del de Bannia di Fiume Veneto. Por dentro fue decorada en los años treinta bajo la dirección del arquitecto Domenico Rupolo y casi enteramente por artistas del pueblo, crecidos en torno al párroco Vittorio Morando, que tuvo la parroquia de 1910 a 1965 e hizo de ella un verdadero semillero. Entre ellos el beato Claudio Granzotto, nacido aquí en 1900, escultor y fraile, que firmó el pórtico, la pila del agua bendita y la estatua de santa Lucía que hoy está en el escudo municipal, concedido en 2012. Está además la Filanda de la familia Ancillotto: nacida en el siglo diecinueve para trabajar cáñamo y lino y hacer con ellos cuerdas para el mercado portuario de Venecia, en 1907 se convirtió, con maquinaria nueva, en una importante industria sedera, y cerró en 1956. Hoy en aquellos edificios se celebran exposiciones y ferias.