La partida de ajedrez con personajes vivientes que se juega en la plaza cada dos años, y que ha hecho famosa a Marostica en todo el mundo, es una tradición iniciada en 1923. Se la quiere inspirada en un suceso de 1454, pero pruebas históricas no las hay. Es algo que se puede decir sin quitarle nada a la plaza: el tablero está bajo el castillo inferior, y los castillos, como las murallas, los hicieron los Escalígeros — los dos castillos Cangrande della Scala, el recinto amurallado Cansignorio a partir de 1372. En el pueblo está además el primer museo del ajedrez de Italia.
Tampoco del nombre, por lo demás, se sabe de dónde viene. Los eruditos del pasado pensaban en Marii ostium, creyendo que Cayo Mario había acampado aquí durante la guerra contra Sila; Giovanni da Schio lo hacía venir del celta mar, «encima», más Asticum, el torrente que corre no lejos; los hermanos Spagnolo del véneto maro, «gavilla», por la forma de las colinas. Dante Olivieri, que de topónimos entendía, propuso un nombre de persona con sufijo de pertenencia, o bien lama, «marisma», más rostica, de rosto, «quemado»: la marisma roturada con fuego. Ninguna ha ganado. Mientras tanto aquellas colinas siguen dando cerezas, que aquí tienen indicación geográfica protegida.