El Itinerario antonino llama a este sitio ad aureos montes, y de ahí viene el nombre: Montebello significa monte hermoso, no monte de la guerra como algunos han sostenido, aunque solo sea porque no se entendería de qué guerra se hablaría. Desde el 148 antes de Cristo pasaba por aquí la vía Postumia, y había una mutatio, una estación para descansar y cambiar los caballos, en el paraje que todavía hoy se llama Mason, de mansio. El edificio ha quedado en pie, y ha tenido una segunda vida: desde 1189 consta que pertenecía a los caballeros del Temple, y es la única encomienda templaria del Vicentino, una casa que sostenía a los peregrinos que iban a Tierra Santa. Se conservan sus bodegas abovedadas, los contrafuertes de piedra, el arco que da al patio, el brocal del pozo y una clave de bóveda grabada con la cruz templaria. Y se conserva el inventario que la Inquisición hizo de ella en 1310, tres años después de la supresión de la Orden.
El ocho de abril de 1848, entre Montebello y Sorio, dos mil doscientos jóvenes voluntarios italianos, muchos de ellos estudiantes de la universidad de Padua, mal armados y apenas organizados, se encontraron frente a tres mil soldados austriacos. Vencieron los austriacos, que eran soldados de verdad: cincuenta voluntarios quedaron en el campo y los heridos fueron muchísimos, y en Sorio una aguja los recuerda. En aquel choque quedó dañada también la vieja casa de los templarios. El pueblo tomó la especificación Vicentino en 1866, cuando el Véneto entró en Italia y hubo que distinguirlo de sus homónimos; y de aquí era el general Giuseppe Vaccari, que dirigiría la resistencia en el Piave.