La primera parte del nombre es de origen incierto: hay quien la remonta al griego drùmon, la encina, quien al latín grumum, un conjunto de casas, quien a una palabra mesapia que querría decir lo mismo que la latina. El añadido de Appula es reciente y tiene una razón práctica: es de 1863, y sirve para no confundir el pueblo con Grumo Nevano. En el escudo hay una encina y, en la otra mitad, tres medias lunas de las que nadie sabe decir con certeza qué recuerdan: la lectura instintiva son los árabes, que sí tuvieron una veintena de años, a principios del siglo once, Bari y sus alrededores, pero la media luna estaba en las enseñas de los ejércitos romanos mucho antes, y fueron los árabes quienes se la tomaron a ellos. A falta de fuentes fiables la cuestión sigue abierta. Plinio, al enumerar los pueblos de la que entonces se llamaba Calabria, nombra probablemente a la gente de aquí, los Grumbestini, junto a la de Palo del Colle y la de Bitonto.
En 1631 el feudo fue vendido al marqués español Antonio Castellar por cincuenta y seis mil ducados: valía ochenta y cinco mil. La libertad el pueblo se la tomó más tarde, cuando en 1800 fue declarado ciudad regia. Hay dos costumbres que hay que contar. La noche del veintitrés al veinticuatro de diciembre es la noche de los panaderos: cuadrillas de músicos y cantantes recorren las calles con acordeones y guitarras y llevan de casa en casa la Pastorale y los cantos de Navidad. Y para la Virgen de Mellitto se construyen carros de flores de papel, tirados por caballos; la mañana siguiente a la procesión por el pueblo, la estatua y los carros van a la aldea de Mellitto, nueve kilómetros más allá, con los fieles detrás. Aquí Sergio Rubini rodó dos de sus películas.
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