Sobre el portal de entrada hay un escudo baronial, y es la firma de quien volvió a levantar el edificio: el arcipreste Baffari, tío del beato Giambattista Rossi. El terremoto de 1694 había arrasado casi por completo la iglesia más antigua que se alzaba aquí, y fue él quien la reconstruyó con el título de Santa Maria del Carmine. Treinta años después la historia se repitió: el seísmo de 1725 la agrietó gravemente e hizo falta otra restauración. La iglesia está al borde del casco de Ripacandida, cerca de la entrada del viejo cementerio, y el nombre de quien la rehízo está escrito en piedra sobre la puerta, no guardado en un papel.
Qué ver
La decoración interior, realizada en la primera mitad del siglo XVIII, es la razón para entrar. Las restauraciones recientes han devuelto el color a los frescos: la Santísima Trinidad, la Virgen del Carmen y los medallones con san Donato obispo y san Donato de Ripacandida, aquí llamado Donatello, patrón del pueblo. Junto al altar hay una escultura de la Virgen del Carmen del siglo XVII.
Falta, en cambio, la pieza por la que la iglesia era conocida. En su único altar lateral estaba el «Martirio de santa Julia» de Paolo De Matteis, encargado en 1718 por el duque de Ripacandida, Giuseppe Teroni, en memoria de su esposa Giulia Gaudioso: muerta dos años antes, había sido trasladada al pie de la mesa del altar. Cuando la iglesia amenazó ruina tras el terremoto, altar y cuadro salieron de aquí, y desde 1732 están en el santuario de San Donato.
La visita
Desde fuera la iglesia promete poco: fachada sencilla de perfil a dos aguas, cuyo único adorno es el portal de mármol con frontón, el del escudo. El contraste con el interior es lo que justifica la parada. Busquen primero los dos medallones de los santos Donato: en una iglesia dedicada a la Virgen del Carmen son la parte más local de la decoración y dicen a quién pertenecía de verdad este altar.
El consejo de la redacción
Reserven media hora para el santuario de San Donato, a la entrada noreste del pueblo: allí fueron a parar en 1732 el altar y el «Martirio de santa Julia», y ver las dos iglesias la misma tarde es la única manera de recomponer lo que el terremoto separó.
