En la fachada de la iglesia madre de Ripacandida hay tres relojes, cada uno metido en un rosetón, y solo uno sigue funcionando: el reloj de sol, a la derecha de quien mira, que marca las horas en números romanos desde las cinco de la mañana hasta las cuatro de la tarde. Los otros dos son mecánicos y están parados. La iglesia nació de una bula de monseñor Aquaviva, obispo de Melfi, que en 1540 dispuso unir las dos antiquísimas parroquias de San Nicola y San Bartolomeo en un edificio nuevo, levantado donde había una pequeña iglesia dedicada a santa Catalina de Alejandría, llamada «la del castillo». La obra no se terminó hasta 1602, por iniciativa del abad Lorenzo da Leonibus. El título recuerda a los trece barones que partieron hacia Palestina en la tercera cruzada bajo Guillermo el Bueno: al regresar, aquí igual que en Potenza, se construyeron iglesias con el nombre de Santa Maria del Sepolcro.
Qué ver
El interior se desarrolla en tres naves, pero lo primero que hay que mirar es la balaustrada que separa el presbiterio de la asamblea, taraceada en mármoles policromos. La hizo el arcipreste Giambattista Rossi, que trabajó en ella en un estudio artístico de Nápoles; en cuatro columnillas están esculpidas otras tantas imágenes de la Pasión: un corazón atravesado por siete espadas, la Virgen junto al Sepulcro, Cristo saliendo del Sepulcro y la pila bautismal. Del mismo Rossi, hoy siervo de Dios, se conserva el monumento funerario en la capilla del Sacramento.
En la sacristía hay un «Cristo de piedad» de Cristiano Danona y un «San Bartolomé» de Gaetano Recco. Fuera, en el tímpano del portal renacentista, está esculpida la Virgen junto al Sepulcro; en el costado, sin corte alguno en la fábrica, se apoya el Palazzo Ducale del siglo XVIII.
La visita
Se llega a la Piazza del Popolo, en el punto más alto del casco antiguo, y se sube a la puerta por una escalinata de mármol. El terremoto de 1980 no la dejó inutilizable y las misas continuaron, pero los daños empeoraron con los años: se vino abajo buena parte del murete que rodeaba el ábside, cayeron las catorce cruces de fábrica y la pila bautismal de madera no volvió a aparecer. La restauración empezó de verdad en 2007, la iglesia reabrió en agosto de 2008 todavía envuelta en andamios y los trabajos exteriores no acabaron hasta 2011. En lugar de la pila perdida se colocó otra más antigua, recuperada en 1992 en los sótanos del Monastero di San Giuseppe.
El consejo de la redacción
Preséntense ante la fachada a media mañana, con el sol todavía bajo por la derecha: es el único momento en que el reloj que funciona les dice de verdad la hora. Luego rodeen el costado derecho y busquen el punto en que la iglesia y el Palazzo Ducale se tocan: no hay junta, el muro es uno solo.
