En la colina de la Maddalena, a las afueras de Venosa, una serie de corredores excavados en la toba conserva los enterramientos de una comunidad judía que vivió aquí entre la antigüedad tardía y la alta edad media. Las inscripciones permiten datar su uso entre el siglo tercero y el séptimo, y una lleva una fecha precisa: el año 521.
Qué ver
A lo largo de las galerías se abren los nichos funerarios, con los símbolos de la tradición judía grabados o pintados junto a los nombres. En total han aparecido unas setenta inscripciones, y lo que las hace extraordinarias es la lengua: están escritas en latín, en griego y en hebreo, a veces más de una en la misma inscripción.
Es el retrato de una comunidad que vivía en tres lenguas a la vez: la del imperio, la de la cultura mediterránea y la de la liturgia. Los estudiosos han leído en ese paso de una lengua a otra el cambio lento de un grupo de personas a lo largo de cuatro siglos. Las catacumbas se descubrieron en 1853 pero se estudiaron sistemáticamente solo a partir de 1974.
La visita
El sitio está en las afueras de Venosa, en la colina detrás del centro; se entra solo con visita guiada previa reserva, en grupos pequeños, con horarios limitados que hay que comprobar antes de salir. Una hora.
El consejo de la redacción
Mire qué letras tiene delante, inscripción por inscripción: dónde hay griego, dónde latín, dónde aparecen las fórmulas hebreas. No es un detalle erudito: es la manera en que una comunidad cambió de piel con el tiempo siguiendo siendo la misma, y está escrito en las paredes de un cementerio de un pueblo de Basilicata.
