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scavi archeologici di Ercolano

📍 Ercolano, Campania · 89/100

Las excavaciones de Herculano han devuelto los restos de la ciudad sepultada por la erupción del Vesubio del 79, junto con Pompeya, Estabias y Oplontis. Aquí, sin embargo, no cayeron solo ceniza y lapilli: bajó una capa de barro y materiales piroclásticos de diez a veinticinco metros de altura, que al endurecerse formó el pappamonte, una roca parecida a la toba pero más tierna. Fue a la vez tumba y arcón. De las veinte hectáreas de la ciudad antigua se han sacado a la luz cuatro.

Qué ver

El trazado es el ortogonal griego: tres decumanos paralelos a la costa, dos de ellos excavados, y cinco cardos, de los que se recorren el tercero, el cuarto y el quinto. Las murallas, que el historiador Lucio Cornelio Sisenna despachó como «pequeñas», tenían dos o tres metros de grosor y tras la guerra social perdieron toda función defensiva, hasta el punto de que las casas se las tragaron. Las calles están enlosadas de lava pero no tienen roderas: la cuesta era demasiado empinada para que los carros subieran del puerto, y las mercancías llegaban a lomos de mulo.

La visita

La parte que no se olvida está abajo, bajo las termas suburbanas. Las excavaciones iniciadas en 1980 alcanzaron la antigua línea de costa, y en las cámaras abovedadas abiertas a la playa se encontraron el casco de una barca y los cuerpos de unas 300 personas: se habían refugiado allí esperando huir por mar y las alcanzaron las coladas piroclásticas, con encima las monedas y las joyas que se habían llevado. La zona, convertida luego en un tremedal, se saneó y volvió a abrirse al público en 2024. El resto es una ciudad doméstica, de escala menuda: la única cloaca hallada corre bajo el cardo III y recogía las aguas del foro, de los impluvios, de las letrinas y de las cocinas que daban a ella.

El consejo de la redacción

Herculano se excavó al revés, por galerías, como una mina. En 1709 un campesino, Ambrogio Nocerino apodado Enzechetta, al ensanchar un pozo para su huerto dio con mármoles preciosos: el pozo había perforado la escena del teatro, tomada durante mucho tiempo por el templo de Hércules. Desde 1738 los Borbones volvieron a abrir túneles a veces de un metro de ancho, oscuros, con riesgo de derrumbes y de gases venenosos; de uno de ellos salió la villa de los Papiros, con más de 1800 rollos carbonizados. Luego apareció Pompeya, donde bastaba con retirar la ceniza, y aquí se dejó. No se volvió a excavar a cielo abierto hasta 1927, con Amedeo Maiuri. El foro, los templos y las necrópolis siguen ahí debajo.

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