El primer ferrocarril italiano fue la línea Nápoles-Portici, inaugurada en 1839, y pasaba justo aquí, en la orilla. Pocos años después Fernando segundo quiso una fábrica que construyera las locomotoras en casa en vez de comprarlas en Inglaterra, y en 1840 nacieron los talleres de Pietrarsa. Hoy en aquellas naves está el museo nacional del ferrocarril, con el mar a un lado y el Vesubio enfrente.
Qué ver
En las naves de los viejos talleres las locomotoras están alineadas: la reproducción de la Bayard, que arrastró el primer tren, los monstruos de vapor del siglo diecinueve, las eléctricas, los coches reales con sus terciopelos y sus retretes de madera. Se camina entre las máquinas de cerca, sin cristales, y se ven los pernos, las bielas y las puertas de los hogares.
La historia del sitio, sin embargo, no es solo de ingeniería. En el verano de 1863, tras la unidad, los obreros de Pietrarsa hicieron huelga contra los despidos y la tropa disparó: hubo muertos y heridos, y es uno de los primeros casos de obreros muertos en un conflicto laboral en la Italia unida. El museo lo cuenta, y vale la pena leerlo estando en medio de las naves donde ocurrió.
La visita
El museo está entre San Giovanni a Teduccio y Portici, con una estación a pocos pasos en la línea de Salerno; entrada de pago, día de cierre semanal y horarios reducidos en invierno por confirmar. Dos horas. En verano se está bien en el césped hacia el mar.
El consejo de la redacción
Salga a la explanada hacia el agua y colóquese delante de la estatua de Fernando segundo, de espaldas a los talleres: delante tiene el golfo y el Vesubio, detrás la primera fábrica de locomotoras de Italia. Es el punto donde la postal de Nápoles y su historia industrial caben en el mismo encuadre, y eso no pasa a menudo.
