La arqueología de las ciudades sepultadas por el Vesubio empieza aquí, en un pozo excavado para regar un huerto. En 1710 un campesino encontró trozos de mármol y se los vendió a un artesano de Nápoles; el noble para el que este trabajaba compró el pozo y se puso a excavar túneles. Era el teatro romano de Herculano, el primer edificio hallado de todas las ciudades destruidas por la erupción.
Qué ver
El teatro se construyó en época augustea por voluntad de un magistrado local y podía contener dos mil quinientas personas. La erupción lo cubrió de ceniza, lapilli y barro, que al endurecerse formaron una capa de toba compacta: por eso se ha conservado tan bien y por eso nunca se ha excavado. Se visita por galerías estrechas, a oscuras, con linternas.
Los primeros excavadores sacaron columnas de mármoles preciosos, inscripciones y nueve estatuas, hoy repartidas entre un museo alemán, un palacio real cercano y un jardín botánico. Al principio creyeron que era un templo de Júpiter; fue un erudito quien, examinando los hallazgos, entendió que era un teatro. De ahí salieron los primeros mapas y los primeros métodos de excavación ordenada.
La visita
La entrada está en corso Resina, sobre las excavaciones de Herculano; se baja con visita guiada previa reserva, en grupos pequeños, y hace falta calzado cerrado. Abajo el aire es húmedo y los espacios estrechos: no es apto para quien sufre claustrofobia. Una hora.
El consejo de la redacción
Mire las paredes de los túneles: se ven los golpes de pico de los excavadores borbónicos y las siluetas en negativo de los puntos de donde se arrancaron las estatuas. Es el único sitio vesubiano que se visita todavía como se visitaba en el siglo dieciocho, a oscuras y bajo tierra, y vale tanto como el teatro que hay detrás de esas paredes.
