El Anfiteatro Laterizio es un anfiteatro romano al noroeste de Nola. Se remonta a mediados del siglo I a. C., poco después de que la ciudad pasara a ser colonia de Sila, y se reformó al menos dos veces: en el siglo I d. C. y después entre los siglos II y III, quizá tras los daños de algún terremoto. Se abandonó ya antes de la erupción de Pollena, entre finales del siglo V y comienzos del VI, y se usó como cantera de material de construcción: se llevaron casi todas las gradas y gran parte de los mármoles. El nombre con que lo conocemos está en uso desde el siglo XVI.
Qué ver
En el eje mayor el anfiteatro mide unos 138 metros, en el menor 108. Las excavaciones hechas entre 1985 y 1993 sacaron a la luz poco menos de una cuarta parte: tres corredores de acceso, los muros que delimitaban la arena, los terraplenes sobre los que descansaban las gradas, cuatro pasos abovedados y algunos tramos del circuito exterior, todavía revestidos de enlucido.
El pretil de la arena, de más de dos metros y medio de alto, está revestido de losas rectangulares de mármol blanco. La franja más baja de la cávea tenía tres gradas y estaba separada por una balaustrada y por un corredor a lo largo del borde del pretil, usado con toda probabilidad por el personal. A los dos lados del corredor principal estaban las jaulas para las cacerías con animales, y el corredor central servía quizá para guardar las fieras durante los espectáculos.
La visita
Conviene comprobar antes, con el Ayuntamiento de Nola o con el Museo Arqueológico Nacional de la ciudad, si la zona está abierta a los visitantes y cuándo.
El consejo de la redacción
Al anfiteatro va unida una tradición sobre el patrón. Aquí habría sido encerrado, por orden del prefecto Marciano, el obispo Félix de Nola, condenado a las fieras por profesar la fe cristiana: pero los animales, se cuenta, se negaron a atacarlo.



